Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2006.
01/11/2006
Estrella, Cejasblancas

Creo que eso fue lo que lo mató. Aferrarse a aquella tienda de ultramarinos era, para él, como aferrarse a un bote salvavidas. No sabía de la existencia de Abuelolandia, ni yo tampoco en aquel momento. Total que le obligamos a abandonar la tienda que nos llenaba de deudas, y, al abandonarla, se abonó a sí mismo. Entonces fue cuando el cáncer aprovechó para brotar en su pulmón y extenderse hasta matarlo. Ese insensato y estúpido cáncer no sabía que al matar a mi marido, moriría con él.
Mi Pedro. Si me vieras ahora, con las canas que me han salido, no me reconocerías. Cuando me abandonaste me cayeron de repente tantos años que pasé a verme como mi abuela. Me puse de luto, dejé de teñirme las canas y de cortarme el pelo que me enrollé en un moño bajo. Eso sí, nada de ponerme la porquería de brillantina que se ponía mi abuela en el pelo. Si me hubieras visto no te gustaría nada. Mis ojos negros de saltimbanqui que tan encandilado te tenían, se volvieron inexpresivos; mis cejas se encanecieron por completo. Perdí todo estímulo para vivir.
Hasta que un día sonó el timbre de la puerta. No tenía intención de abrir, pero algún resorte hizo que me levantara de la butaca, la misma butaca en que tú te sentabas. Ahora la uso yo. Era Ramón, nuestro vecino del tercero, ¿te acuerdas? Sí, el vendedor ambulante de ropa de cama.
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05/11/2006
Centro de Estética

Hace dos semanas la hija de Pepa, mi vecina del segundo, inauguró un centro de estética. Desde que conozco a la madre siempre la vi descuidada en su aspecto. Se dejó engordar, el pelo lo llevaba desgreñado y vestía chándal hasta para ir a Misa. Pues bien, ahora se hace tratamientos de belleza, se pinta las uñas de las manos y de los pies y no le cabe en la cabeza que haya mujeres que podamos salir de casa con la cara lavada y las uñas sin pintar.
Esta tarde me la encontré en la escalera cuando volvía a casa vestida con mono azul de trabajo y las manos manchadas de grasa y polvo. Acababa de arreglar mi motocarro. Estuve a punto de darme la vuelta. Pero ya me había visto.
- Estrella, tienes que probar las cremas de mi hija. Mira qué cambio. Es como si hubiera rejuvenecido veinte años.- Mientras lo decía, gesticuló mucho con sus manos ante mis narices para que me fijara en sus largas uñas de color fucsia, cortadas a machetazos.- A tu cara le falta luz... -siguió diciendo.
- Y le sobra polvo y grasa, - contesté.
- ¡Oh, Estrella! Tiene mi hija un tratamiento ligting-firmeza efecto botox que te daría la textura y humedad que necesita tu piel. Te vendría fenomenal.
Lo dijo de seguido, sin titubear. Me pregunto cuantas horas habrá estado diciendo esa frase antes de aprendérsela. ¿No sé dará cuenta de que parecer más joven no entra dentro de mis planes? Pero, no, no se daba cuenta.
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19/11/2006
Si me vieras..., te reirías.

A Maruja y Luis, ya fallecido.
Si me vieras, Pedro, te reirías... Tirada en el suelo. Frente a tu nicho. Las flores del ramo desparramadas por el camino y el paraguas volando por los aires. Siete meses seguidos de sol en Valencia y, hoy, Día de Todos los Santos, tiene que llover.
Para venir a verte me puse tacones, -¡te gustaba tanto verme así!- Con la lluvia y mi andar inseguro, resbalé al pisar una piedra mojada y caí de bruces, en forma de aspa.
¡Qué lento el viaje al suelo! ¿Te acuerdas de aquellos juegos que cuando niños pusieron en la plaza del pueblo? ¿Recuerdas cómo me cogías en volandas y me lanzabas al aire para que me agarrara a las anillas a las que no llegaba? Y tu, juguetón, ajeno a mis miedos, esperabas equilibrios y malabares; y yo me quedaba inmóvil, contemplando el abismo creado entre mis pies y el suelo... y temiendo romperme la cabeza en la caída. Sólo movía mi boca para gritarte: ¡Bájame de aquí!
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23/11/2006
Dame un beso.

- Dame un beso, Estrella. -me soltó de sopetón Ramón, mi vecino del tercero, cuando abrí la puerta de mi casa.
Puse cara de asombro. No sólo por lo que me dijo sino también por su aspecto. ¡Cuánto había cambiado! Su pelo y cejas se habían vuelto blancos y sus pestañas, como las mías, tenían una franja de pelos blancos en medio de los pelos negros. Hacía meses que no lo veía. Y, de pronto, aparece ante la puerta de mi casa y me dice que le de un beso como quien pide un poco de sal.
- ¿Un beso?
-- Un beso. Porque “¿qué es un beso al fin y al cabo?” ¿Recuerdas la película de Cyrano de Bergerac? ¿Recuerdas cómo le declaraba su amor a Roxana bajo el balcón, en la oscuridad de la noche, suplantando al atractivo joven que la tenía enamorada? Pues yo me pongo a tus pies y recito sus mismas palabras.
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