Torre de naipes

Hubo un momento en que llegué a pensar
que todo en mi vida estaba controlado,
que era imposible dejarme sorprender
en aquella calma chicha del largo verano
en que todo transcurría tranquilo, diáfano,
con el futuro económico asegurado.
Demasiado joven, demasiado ilusa.
Pronto el espejismo se vino abajo
Aumentó la familia,
trajo cambio de casa,
trajo hipoteca y deudas.
Poco después nuevos sentimientos,
el alejamiento de un ser querido...
En el cuento
el hada buena me soltó de su mano,
me perdi en medio del bosque.
Empecé a soñar en negro,
mi mente se llenó de oscuridad
y vuelta a empezar con el programa
de autoayuda.
Un día llegó el diagnóstico.
MIEDO.
Miedo
como aire silencioso y suave
que sopla sobre mi baraja,
sobre mi torre de naipes
sobre mi mente
para hacerlos caer.
¿Cuántas torres de naipes levantadas?
¿Cuántas torres de naipes caídas?
He perdido la cuenta.
Solo acierto a construir torres de naipes
que se derrumban
una y otra vez,
mientras una vida inútil se acaba.
Sobre zapatos viejos.

Camina sobre zapatos viejos
una vida recién estrenada.
Ibán,
como una estrella más del firmamento,
hace su Big-Bang
e inicia su expansión en este mundo.
Pura potencialidad,
esencia pura en tu pequeñez,
con esos pies y manos
largos como aletas de pez,
y esa carita donde destacan ya
tus pronunciadas facciones,
marcadores de tu carácter.
Tienes suerte con los zapatos
que te han tocado en suerte
para dar tus primeros pasos en este mundo.
Son zapatos de buen material,
holgados y cómodos,
son buenos, que no perfectos,
para tu vida futura.
Con esos zapatos
teta curtida en amamantamientos,
árbol cargado de cerezas acarameladas,
abrigo tejido con amor de madre y padre,
te sentirás
querido, alimentado, a cubierto,
pero…
aunque tus facciones indican carácter
y tus ojos ensueño,
sé que nunca podrás volar
porque esos viejos zapatos
no llevan motor ni alas.
Escucha Iban,
si un día en tu camino
encuentras
un bello halcón despistado,
salta a sus lomos y aférrate a sus alas.
Ese día,
el reloj del vértigo del vivir
acabas de ponerlo en marcha.
Papá Estado

Espero ver, más pronto que tarde,
la caída del sistema económico occidental,
desbaratarse nuestro confort
de seres individuales, en grandes casas,
enganchados a todo tipo de cacharros de la diversión.
Vidas solitarias conectadas
a la música del MP-3,
a Twitter, Facebook, YouTube,
al móvil, al deporte,
a la estética, consumo,
al hedonismo, en suma;
que convivimos con otras individualidades
con las que confrontamos
a la mínima imagen o palabra
que no sea de reconocimiento y admiración de nuestro YO,
mientras chateamos desinhibidos y mentirosos
con otros solitarios de las Antípodas
con los que confraternizamos.
¡Todo al carajo! ¡Al garete!
¿Que será de nosotros,
tan protegidos, como estamos, por papá Estado,
dedicados en gran parte de nuestro tiempo
a masticar gozosos
lo que “otros” meten en nuestras bocas,
cuando no le quede a “nuestro papá”
bocado que poner en ellas?
Acaba el mes de julio

Como hoy empieza julio y nada espero
del amante que desdeña la tristeza de mis ojos
de la madre entretenida con su plaga de piojos
de la hija ahogada entre ramas de palmeras
en mi oscura habitación
llena de fantasmas putrefactos
y amenazantes calaveras
mi cuerpo levita sobre telares rojos
de paranoias de mis horas prisioneras.
Llegará agosto con fiestas, barracas y verbenas
que harán danzar mis fantasmales huesos
y contar las ovejas del pasatiempo
bajo la eterna cama de mi adolescencia,
reservada para tan especiales momentos.
Y, de pronto un día,
cuando el árbol pierda sus hojas
y la plaza del pueblo las banderitas de colores,
llegará octubre, mi momento vampiro,
con la agenda repleta de tareas.
Saldré de esa habitación tiñosa
para danzar, en la plaza teñida de seriedad,
la fiesta de la creatividad y el trabajo.
Lo que mal empieza bien acaba.

El agua en la fuente del estanque
cae monótonamente
tan monótona
como las horas de estío
sobre mí
bajo la sombra de este árbol,
en el parque.
Una mujer acalorada
se acerca a la fuente
refresca su cara
y sigue camino.
Chasque el agua
y en su caída
chasquen mis doloridos oídos.
Los mirlos y gorriones picotean en la hierba
como lo hicieron ayer y lo harán mañana.
¡Son tan naturales y previsibles!
Ellos siempre responden como se espera,
llueva, haga sol,
o les picoteen las plumas de la cola.
Con tristeza y silencio les observo.
No puedo evitar cierta envidia.
¿Porqué será tan complejo el mundo de los humanos?
¿Porqué me resulta tan fácil
la convivencia entre vacas, mirlos o patos
y tan difícil con los míos?
Hace diez días que nació mi nieto
y llevo siete sin saber de él.
A su madre no le sientan bien los partos.
La responsabilidad de traer un niño perfecto al mundo
-algo, por otra parte, tan natural-,
la debilidad en la que queda,
la protección temerosa de su tesoro,
todo ello aderezado con sal y pimienta
que ponemos los demás,
envenenaron de drama familiar su llegada.
Tengo doloridos los oídos
de tanto grito entre sollozos,
y embotada el alma
para sobrevivir a tanto desatino.
Eneko,
trajiste al mundo,
en vez de un pan debajo el brazo,
una crisis familiar.
¡Somos tan iguales
y a la vez tan distintos
los humanos!
¡Perdónanos!
Y no temas.
Por que lo que mal empieza bien acaba.
Para muestra, este botón
que tan felices nos hizo a los españoles.
Nuestro equipo español de fútbol
perdió su primer partido
contra un rival de segunda fila
para terminar con la Copa del Mundo en sus manos.
Eneko,
¡Bienvenido! ¡Serás un hombre estupendo!
Cisne blanco, cisne negro.

Viniste a mí en busca de musa,
eras un apuesto cisne negro con ambición
de llegar lejos como político.
En una cita, para seducirme,
me entregaste un dibujo
de luna menguante sobre un cielo
negro apenas estrellado
-así lo recuerdo ahora-
y me contaste un cuento al oído,
tan negro como el traje de la bruja
de los cuentos de hadas.
A punto estuve de sucumbir a tu cuento
pero... eras hombre casado,
como casado fue
quien, como cisne blanco,
de belleza nórdica
y elegantes maneras,
me sedujo
con su dibujo
de solitaria playa de bellas palmeras
y mar azul turquesa,
con su correspondiente cuento.
“Retozaremos desnudos en la playa
y tendremos un hijo de ojos verdes
esmeralda como mi madre,
que correteará feliz por la arena”.
¿Cómo negarle mi amor
a quién era todo luz
fruta fresca, aire puro?
Pronto se acabó el cuento
con aquel dandy
y se fue con sus dibujos
tras otra mujer más rubia y joven,
sin dejarme hijo ni recuerdos
de haber retozado en playas exóticas.
Fue cuando llegaste tú, cisne negro,
con el cuento de la bruja.
Mal momento.
No tuviste éxito en tu conquista.
Metido a político intrigante,
como no pudiste entrar en mi cama
me “hiciste la cama” de política,
con éxito.
Tú te quedaste con mi puesto
y yo acabé en el paro.
Inventando mi propio cuento.
Voy a tener suerte

¡Voy a tener suerte!
Suerte.
¿Qué es suerte?
Cuando no hay nada sin lado oscuro.
¿Qué tu vengas a mí, Alberto,
es suerte?
Con ese aspecto de galán trasnochado
que tienes,
¿qué vengas a mí es suerte?
Soy presa fácil,
un alma fugitiva, sin caricias.
Vendrás a mí,
me rozarás las mejillas con tus manos
mientras me seduces con los ojos,
buscarás mis labios con tu boca,
me derretiré como vela de baja calidad
ante tus rácanas pero suficientes caricias...
Sor Inés en manos de Don Juan.
Desaparecerás.
Caras, muy caras, pago miserables caricias.
Luego apunto tu nombre en mi cuaderno.
Haces el número cien de mis fracasos.



