<?xml version="1.0"?>
<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://abuelolandia.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>abuelolandia</title><description>El largo y lento camino...&lt;br /&gt;Tantas cosas por descubrir, &lt;br /&gt;por saborear, por aprender, &lt;br /&gt;y las neuronas se ralentizan.</description><link>https://abuelolandia.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>La sonrisa:  un puente</title><link>https://abuelolandia.blogia.com/2007/061201-la-sonrisa-un-puente.php</link><guid isPermaLink="true">https://abuelolandia.blogia.com/2007/061201-la-sonrisa-un-puente.php</guid><description><![CDATA[&nbsp; <p align="left">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; LA SONRISA (*)</p><p align="left">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>A Jos&eacute; Miguel Arnal, in memoriam.</em></p><p align="right">&nbsp;</p><p>Es un puente que acerca</p><p>geograf&iacute;as humanas. Le fiamos</p><p>la burla y la alegr&iacute;a por igual.</p><p>Se parece a los r&iacute;os, y a la luna,</p><p>y a nada se parece. Yo la he visto</p><p>brillar como la luna y fluir como un r&iacute;o</p><p>recorriendo unos labios de mujer.</p><p>Puede ser un regalo, una condena,</p><p>cohabitar con el necio y encubrir al traidor.</p><p>Mi coraz&oacute;n le debe la memoria</p><p>de los seres que he amado y que perd&iacute;,</p><p>Pues el tiempo, que borra en mi recuerdo</p><p>el perfil de sus rostros, no empe&ntilde;a sus sonrisas,</p><p>y en sus sonrisas vive extra&ntilde;amente </p><p>la clara imagen, fiel,</p><p>de todo cuanto fueron para m&iacute;.</p><p>La sonrisa nos salva y deber&iacute;a</p><p>conservarla la tinta,</p><p>como una huella dactilar del alma.</p><p>&nbsp;</p><p>(*) Poema de Vicente Gallego, publicado en su poemario "La plata de los d&iacute;as" (1996)</p>]]></description><pubDate>Tue, 12 Jun 2007 10:16:00 +0000</pubDate></item><item><title>La foto y el apret&#xF3;n.</title><link>https://abuelolandia.blogia.com/2007/052801-la-foto-y-el-apreton-.php</link><guid isPermaLink="true">https://abuelolandia.blogia.com/2007/052801-la-foto-y-el-apreton-.php</guid><description><![CDATA[&nbsp; <p align="justify">Protegida tras un &aacute;rbol de grueso tronco, en cuclillas y a pantal&oacute;n y braga bajados, hac&iacute;a mis necesidades mayores.&nbsp; Ten&iacute;a en la mano un pa&ntilde;uelo de papel para limpiarme cuando acabara pero, antes de usarlo, cuando estaba despleg&aacute;ndolo, una ventolera que lleg&oacute; sin avisar me lo arranc&oacute; de las manos y se lo llev&oacute; volando con ella.&nbsp; Era mi &uacute;nico pa&ntilde;uelo de papel.&nbsp; "&iquest;Qu&eacute; hago, con qu&eacute; me limpio el trasero ahora?", me pregunt&eacute; mientras miraba en derredor en busca de algo me que sirviera.</p><p align="justify">Lo que encontr&eacute; fueron hierbas, hierbajos, ortigas, zarzas y la planta crecepelos que podr&iacute;a servirme, dado lo largas y anchas que eran sus hojas, aunque, si no recordaba mal, raspaban un poco.&nbsp; De ni&ntilde;a las us&eacute; m&aacute;s de una vez cuando correteaba con otros ni&ntilde;os por el campo y, de pronto, me daba un apret&oacute;n.&nbsp; Era la&nbsp; planta que cuando llov&iacute;a se empozaba el agua en ella y, si te lo pasabas por la cabeza, ejerc&iacute;a el milagro de hacer que el pelo creciera m&aacute;s deprisa. No s&eacute; qu&eacute; hab&iacute;a de verdad en esa creencia que yo, por supuesto, practicaba. </p><p align="justify">No ten&iacute;a otra elecci&oacute;n que coger un par de hojas de esa crecepelos. Con una mano en el pantal&oacute;n para separarlo de mi trasero, y las piernas flexionadas, me desplac&eacute; un poco para alcanzar, sin dificultad, la planta de hojas anchas y largas. Iba a cortar la hoja m&aacute;s grande que encontr&eacute; cuando otra racha de viento vino a traer en esta ocasi&oacute;n, en vez de llevarse, un papel que qued&oacute; pegado como una m&aacute;scara veneciana sobre mi cara. Pens&eacute;: "D&iacute;os me lo quita y D&iacute;os me lo da".&nbsp; </p><p align="justify">Me lo retir&eacute; de la cara, era una p&aacute;gina llena de color desgajada de una revista. Llevaba tanto tiempo agachada que ya no aguantaba m&aacute;s en esa postura y quer&iacute;a limpiarme el culo de una vez y acabar. Iba a doblar el papel por la mitad&nbsp; para manejarlo con m&aacute;s comodidad cuando vi la imagen bell&iacute;sima de una joven modelo que me paraliz&oacute; e hizo desplegar mis labios en un "&iexcl;oh!". Aquella foto me atrajo como el im&aacute;n atrae al metal, no pod&iacute;a dejar de mirarla.&nbsp; La sensaci&oacute;n que me produc&iacute;a la visi&oacute;n de aquella foto era como si estuviera ante los proleg&oacute;menos de mi noche de bodas o escuchando el aria "Un bel di vedremo".&nbsp; Me preguntaba una y otra vez, &iquest;porqu&eacute; me produce esa sensaci&oacute;n de placidez?.&nbsp; Pero no encontraba la respuesta.</p><ul><li><div>- Estrella, -me grit&oacute; mi inseparable y amado Ram&oacute;n desde el camino donde se hab&iacute;a quedado al cuidado de los caballos.- &iquest;va todo bien?</div></li></ul><p align="justify">Las piernas se me hab&iacute;an dormido y me produc&iacute;an un hormigueo que casi me obligaban a saltar alrededor de mi mierda como ind&iacute;gena de tribu africana alrededor de la hoguera, pero segu&iacute; conectaba a aquella cara de porcelana con enorme lazo rosa sobre su pelo negro con que me obsequiaba aquella hoja perdida de revista.&nbsp; La miraba. Buscaba en ella la respuesta a la emoci&oacute;n que me embargaba.&nbsp; Su aspecto oriental, los polvos de arroz en la cara, el lazo sobre la cabeza...&nbsp; Y, de pronto, un nombre.&nbsp; Madame Butterfly. "&iexcl;Claro!, me recuerda a la &oacute;pera de Puccini, Madame Butterfly" y su canci&oacute;n "Un bel di vedremo". Era la &uacute;nica &oacute;pera que ten&iacute;a -me la autorregal&eacute; cuando cumpl&iacute; mis cincuenta a&ntilde;os-, la escuchaba cuando mi marido estaba en la tienda y mis hijos en el colegio.&nbsp; Colocaba el disco en el compac-disc y a limpiar. Mis brazos con bayeta en mano se mov&iacute;an por los cristales de las ventanas y los azulejos de la cocina como yo imaginaba los mover&iacute;a una geisha japonesa. Madame Butterfly me enamor&oacute; desde que vi una pel&iacute;cula por la televisi&oacute;n que contaba la historia: en parte, representada en el escenario y, en parte, como una historia real, sin dejar de sonar la m&uacute;sica de su creador, Giacomo Puccini. Me dej&oacute; impresionada por la dulzura de aquella mujer, por la dulzura de la m&uacute;sica, por la historia que contaba, tan triste, como tristes son todas las historias de amor de las geishas, y me compr&eacute; el disco.</p><ul><li><div>&nbsp;-&nbsp;&nbsp; &iquest;Estrella? -volvi&oacute; a gritar Ram&oacute;n.</div></li><li><div>- &iexcl;Ya voy! -contest&eacute; a gritos tras el grueso tronco de &aacute;rbol. </div></li></ul><p align="justify">&nbsp;Las piernas me temblaban, mi cuerpo lo aguantaba inclinado a base de meter codo en el muslo, levantar el brazo y colocar mi sien en el pu&ntilde;o, pero all&iacute; segu&iacute;a sin saber qu&eacute; hacer.&nbsp; Bueno, me dec&iacute;a, &iquest;me limpio con este papel o no?&nbsp; No, me respond&iacute;a al instante.&nbsp; No quiero sentirme culpable por destruir una foto tan bella.&nbsp; &iquest;Acaso estropear&iacute;a un cuadro de Picasso o de Goya?&nbsp; &iquest;A qu&eacute; no?&nbsp; Pues &eacute;sta imagen tampoco. Vale, de acuerdo, segu&iacute;a con mi di&aacute;logo interior, y entonces, qu&eacute;.&nbsp; &iquest;No me limpio? </p><p align="justify">&iexcl;Oh, bella mujer!, volv&iacute; a mirar la foto, &iquest;porqu&eacute; te miro y pienso en Madame Butterfly?&nbsp; &iquest;Qu&eacute; tienes t&uacute; que ver con ella?&nbsp; Y, antes de terminar de decirlo, lo vi claro.&nbsp; La mariposa. Vi la mariposa en su cara y la sombrilla en su cabeza. Los ojos maquillados eran las alas multicolores de la mariposa; sus cejas negras, las antenas; y la flor tan desproporcionadamente grande y ladeada, produc&iacute;a el efecto de la sombrilla de la geisha. </p><ul><li><div>- Estrella, -volvi&oacute; a interrumpir Ram&oacute;n harto de esperar en el camino-, &iquest;necesitas ayuda?</div></li><li><div>- S&iacute;, Ram&oacute;n. Por favor, ac&eacute;rcame un Klinex, que vol&oacute; el que traje.</div></li></ul><p align="justify">Tanto dar vueltas al tema de limpiarme el trasero, con las piernas ya que no las siento, para terminar diciendo:&nbsp; "Ram&oacute;n, tr&aacute;eme un pa&ntilde;uelo de papel".&nbsp; Se me pod&iacute;a haber ocurrido antes, &iquest;pero?, as&iacute; son las cosas de la vida.&nbsp; Las respuestas llegan cuando llegan y, por supuesto, siempre sin avisar.</p><p align="justify">Mientras esperaba a Ram&oacute;n dobl&eacute; la foto de ese rostro, mitad mujer mitad mariposa, con mimo y la guard&eacute; en un bolsillo interior de mi anorak junto a mi coraz&oacute;n, con intenci&oacute;n de volver a ella como vuelvo y vuelvo a escuchar la &oacute;pera de Puccini y emocionarme con ella sin ning&uacute;n hast&iacute;o ni cansancio.</p>]]></description><pubDate>Mon, 28 May 2007 12:40:00 +0000</pubDate></item><item><title>Las mariposas de Juan Ram&#xF3;n Jim&#xE9;nez</title><link>https://abuelolandia.blogia.com/2007/050401-las-mariposas-de-juan-ramon-jimenez.php</link><guid isPermaLink="true">https://abuelolandia.blogia.com/2007/050401-las-mariposas-de-juan-ramon-jimenez.php</guid><description><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p><p align="justify">Se hab&iacute;a hecho la hora de comer, as&iacute; que, en cuanto avistamos un collado con una explanada donde poder descansar a gusto, paramos.&nbsp; Era un hermoso paraje verde rodeado de cumbres rocosas con una laguna en medio.&nbsp; Despu&eacute;s de varios d&iacute;as de viaje a lomos de mi mulo Pego ya estaba muy familiarizada con &eacute;l, del que descabalgu&eacute; con tanto br&iacute;o como Ram&oacute;n de su caballo blanco.&nbsp; Fue &eacute;l qui&eacute;n se encarg&oacute; de acercar a los jamelgos a la laguna para que bebieran agua, los at&oacute; a un &aacute;rbol y esparci&oacute; algo de follaje por el suelo para que comieran.&nbsp; Mientras tanto, saqu&eacute; de uno de los cestos de la mula de carga la bolsa donde estaba la comida y lo dispuse todo, sobre el mantel, en una zona de hierba limpia.&nbsp; </p><p align="justify">Aunque el d&iacute;a estaba nublado, la temperatura era agradable debido al suave viento del sur que ven&iacute;a de &Aacute;frica.&nbsp; As&iacute; que, despu&eacute;s de comer, tirados en el suelo, descans&aacute;bamos todos, incluso la caballer&iacute;a, aunque las moscas y alg&uacute;n abejorro que otro, incordiaban un poco. Ram&oacute;n sentado, con la espalda apoyada en el tronco de un pino, de cara a la laguna, le&iacute;a un libro; y yo, desde aquella atalaya, sentada estrat&eacute;gicamente al borde del collado, contemplaba la ladera norte que llevaba al valle.&nbsp; Durante un rato observ&eacute; como un pastor y su perro, que por lo grande y blanco parec&iacute;a un mast&iacute;n, cercaban y encarrilaban, entre gritos y ladridos, al reba&ntilde;o de ovejas para llev&aacute;rselas de all&iacute;.&nbsp; El perro solito tuvo que devolver al reba&ntilde;o m&aacute;s de una oveja despistada, y sin hablar ni pegar con la vara -cosa habitual entre los humanos-, lo consegu&iacute;a a base de ladridos y movimientos alrededor de la oveja descarriada.&nbsp; </p><p align="justify">Contempl&eacute; la escena en la quietud de la tarde hasta que desaparecieron de mi vista, luego, me volv&iacute; a mirar a Ram&oacute;n que segu&iacute;a&nbsp; enfrascado en la lectura de su libro.&nbsp; Con cierta envidia por su capacidad de estar siempre entretenido, me acerqu&eacute; a &eacute;l.</p><p align="justify">- &iquest;Qu&eacute; est&aacute;s leyendo? -interrump&iacute;. </p><p align="justify">Se hab&iacute;a quitado las botas y los calcetines y arremangado los pantalones para que les diera el aire a sus pies.&nbsp; Ten&iacute;a unos abultad&iacute;simos juanetes y me hac&iacute;a de cruces porque dec&iacute;a que no le dol&iacute;an.&nbsp; &iexcl;Que hombre!&nbsp; Mi juanete, la mitad de abultado que el suyo,&nbsp; hab&iacute;a d&iacute;as que me dol&iacute;a a rabiar.</p><p align="justify">- "Platero y yo", de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez. &iquest;Te suena? -me contest&oacute;.</p><p align="justify">- &iexcl;Uf, qu&eacute; royo! Recuerdo que en la Enciclopedia ven&iacute;a alg&uacute;n trozo de ese libro. Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, junto a un tal Echegaray, dec&iacute;a la maestra, eran los &uacute;nicos escritores espa&ntilde;oles que hab&iacute;an recibido el Premio N&oacute;bel de Literatura.</p><p align="justify">- Ahora hay m&aacute;s.</p><p align="justify">- Ya s&eacute;. Ya s&eacute; que le dieron el premio al Cela ese. Desde que se cas&oacute; con la Casta&ntilde;os se me hizo tan antip&aacute;tico que me irrita solo el nombrarlo.</p><p align="justify">- Y Vicente Aleixandre... Tambi&eacute;n a &eacute;l le dieron el premio.</p><p align="justify">- &iquest;Qui&eacute;n es? No me suena de nada.</p><p align="justify">- Fue un poeta como Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez. Pero m&aacute;s simb&oacute;lico.</p><p align="justify">- Pues, ni idea. De ese, ni idea. En cambio, Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez s&iacute; me suena. Me acuerdo que le&iacute; un..., un... &iquest;c&oacute;mo se dice?</p><p align="justify">- Un poema.</p><p align="justify">- Recuerdo que le&iacute; un poema de "Platero y Yo". Incluso creo que lo rele&iacute; otra vez, por si me estaba perdiendo algo bueno que todo el mundo era capaz de encontrar menos yo. Pero, aunque lo intent&eacute;, volvi&oacute; a parecerme una patochada. Un burro gris, viejo y feo; unos ni&ntilde;os pobres que corr&iacute;an por el campo..., &iexcl;vamos!, una patochada.</p><p align="justify">- &iquest;C&oacute;mo puedes llamar patochada a esta obra? Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez fue coet&aacute;neo de Antonio Machado, Azor&iacute;n,... que cantaban al campo de Castilla. &iquest;No te gustaron los poemas que te le&iacute; el otro d&iacute;a de Antonio Machado? </p><p align="justify">- Es que le&iacute;dos por ti suenan de una manera tan linda... -exclam&eacute;.</p><p align="justify">- Pero, &iquest;qu&eacute; pasaba? -continu&oacute; diciendo Ram&oacute;n-, que Juan Ram&oacute;n no era castellano sino andaluz y sus tripas le ped&iacute;an cantar a Andaluc&iacute;a y no a Castilla. Por eso, cuando de mayor volvi&oacute; a Moguer, su pueblo, empez&oacute; a recordar su infancia, observar los cambios que se hab&iacute;an producido en su pueblo, las gentes, los r&iacute;os te&ntilde;idos de rojo por la mina, los p&aacute;jaros, las mariposas...; y, de ah&iacute;, fueron naciendo peque&ntilde;os poemas en prosa. Y cuando los junt&oacute; todos, le qued&oacute; una obra con tanto lirismo y ternura, que trascendi&oacute; m&aacute;s all&aacute; de las fronteras espa&ntilde;olas. Hoy se lee en el mundo entero.</p><p align="justify">Seg&uacute;n iba hablando Ram&oacute;n, la luminosidad de sus ojos, la dulzura de su voz, me fueron enterneciendo hasta sentir la necesidad de estar m&aacute;s cerca de &eacute;l.&nbsp; Me sent&eacute; a su lado dispuesta a escuchar embobada.&nbsp; Mientras esperaba a que me recitara algo, me rascaba mis cejas canosas -que perdieron el color despu&eacute;s del disgusto que me produjo la muerte de mi marido hace ya cuatro a&ntilde;os-, bes&eacute; su coronilla calva,... pero deb&iacute;a estar esperando que yo dijera algo porque, al ver que no le hablaba, me mir&oacute; y dijo.</p><p align="justify">- &iquest;No dices nada?</p><p align="justify">- &iquest;Yooo...? Estoy esperando a que me recites algo.</p><p align="justify">Entonces, maravillas de la naturaleza, sobre la punta del dedo gordo del pie de Ram&oacute;n se pos&oacute; una mariposa con la misma confianza con que lo habr&iacute;a hecho sobre la rama de una zarza en la cuneta, o sobre una piedra en el camino, o en una flor. Con lo huidizas que son con los humanos, a Ram&oacute;n, por el olor a caballo que ten&iacute;a, debi&oacute; confundirle con alg&uacute;n mont&oacute;n de esti&eacute;rcol.</p><p align="justify">- No te muevas, Ram&oacute;n. -Dije bajito a su o&iacute;do.- F&iacute;jate que mariposa m&aacute;s bella, azul turquesa, mi color preferido. Mira c&oacute;mo se frota las patitas delanteras. No respires, espera un poco para que no se asuste. Quiero que despliegue sus alas, quiero verlas extendidas. A veces se dibujan, en ellas, rayas negras o lunares amarillos... &iexcl;Oh, qu&eacute; pena! Vol&oacute;. Ese horrible abejorro la espant&oacute;.</p><p align="justify">- Veo que a ti tambi&eacute;n te gustan las mariposas.</p><p align="justify">- &iquest;Y a qui&eacute;n no? -respond&iacute; sin tener que pensar.</p><p align="justify">- Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez tambi&eacute;n ten&iacute;a una debilidad especial por las mariposas. &iquest;Quieres que te lea un poema?</p><p align="justify">- &iquest;De mariposas? &iquest;No escribe todo el rato del burro y ni&ntilde;os?</p><p align="justify">- Pues, no. Cuenta otras muchas cosas.</p><p align="justify">- &iexcl;Ah!</p><p align="justify">- &iquest;Te lo leo? -asent&iacute; con la cabeza-. Se titula "Madrigal" y dice as&iacute;:</p><blockquote><p align="justify"><em>"M&Iacute;RALA, Platero. Ha dado, como el caballito del circo por la pista, tres vueltas en redondo por todo el jard&iacute;n, blanca como la leve ola &uacute;nica de un dulce mar de luz, y ha vuelto a pasar la tapia. Me la figuro en el rosal silvestre que hay del otro lado y casi la veo a trav&eacute;s de la cal. M&iacute;rala. Ya est&aacute; aqu&iacute; otra vez. En realidad, son dos mariposas; una blanca, ella, otra negra, su sombra.</em></p><p align="justify"><em>Hay, Platero, bellezas culminantes que en vano pretenden otras ocultar. Como en el rostro tuyo los ojos son el primer encanto, la estrella es el de la noche y la rosa y la mariposa lo son del jard&iacute;n matinal.</em><em>Platero, &iexcl;mira qu&eacute; bien vuelta! &iexcl;Qu&eacute; regocijo debe ser para ella el volar as&iacute;! Ser&aacute;&nbsp;&nbsp;&nbsp; como es para m&iacute;, poeta verdadero, el deleite del verso. Toda se interna en su vuelo, de ella misma a su alma, y se creer&aacute; que nada m&aacute;s le importa en el mundo, digo, en el jard&iacute;n.</em></p><p align="justify"><em>C&aacute;llate, Platero... M&iacute;rala. &iexcl;Qu&eacute; delicia verla volar as&iacute;, pura y sin ripio!"</em></p></blockquote><p align="justify">- &iexcl;Qu&eacute; bonito suena! Pero no creas que lo he entendido todo bien. &iquest;Me lo lees otra vez?</p><p align="justify">Ram&oacute;n ley&oacute; otra vez el poema. Lo hizo despacio y desplegaba un regocijo tal que parec&iacute;a que &eacute;l era quien hablaba a Platero. &iexcl;Ummm...!&nbsp; Sabore&eacute; el poema en dosis peque&ntilde;as, como me lo iba sirviendo mi querido cejotas -sus cejas tambi&eacute;n eran blancas pero m&aacute;s largas y rizadas que las m&iacute;as-. No me extra&ntilde;a que digan cosas tan bonitas de las mariposas, pens&eacute;.&nbsp; &iexcl;Qu&eacute; belleza! Vol&aacute;tiles flores de un d&iacute;a, viven, sin un &aacute;pice de vanidad, ajenas tanto a su belleza como a la admiraci&oacute;n que causan en los seres humanos, los poderosos y terribles amos del mundo.</p><p align="justify">- Sabes, Ram&oacute;n, a mis cincuenta y muchos a&ntilde;os, con este viaje por el campo, los bosques y las monta&ntilde;as, con sus insectos, p&aacute;jaros, flores, mariposas, ovejas,... es como si estuviera redescubriendo un mundo nuevo. Nuevo y maravilloso mundo que olvid&eacute; cuando escap&eacute; de la miseria que me esperaba en mi pueblo natal y emigr&eacute; a la ciudad. Si que, a veces, cuando pon&iacute;a la televisi&oacute;n, ve&iacute;a lagos rodeados de monta&ntilde;as, leones que cazaban gacelas para com&eacute;rselas, o tortugas que recorr&iacute;an muchos kil&oacute;metros para ovar y, luego, los dejaban all&iacute; y se echaban al mar, pero lo ve&iacute;a ajeno a m&iacute;, cosas que pasaban en la tele.</p><p align="justify">- Mi amor, mis cejitas -me las bes&oacute;-, todo lo que sale en la televisi&oacute;n es porque el ojo humano ha sido capaz de captarlo. Somos incapaces de ir m&aacute;s all&aacute; de lo que hayamos experimentado. Todo eso que has visto en la tele, en alg&uacute;n lugar del mundo ha ocurrido.</p><p align="justify">Una manada de vacas pelirrojas capitaneadas por otra de color blanco ven&iacute;an derechas a nosotros.&nbsp; Eran vacas que viv&iacute;an en el monte.&nbsp; El aire que llegaba del sur debi&oacute; de llevar hasta ellas olor a personas y comida y vinieron derechitas a por nosotros.&nbsp; &iexcl;Qu&eacute; pesadas se pusieron!&nbsp; Parec&iacute;an empe&ntilde;adas en comer cualquier cosas de las que llev&aacute;bamos como el libro o la bolsa con restos de la comida, e incluso a nosotros mismos,&nbsp; as&iacute; que, hartos de jalearlas para que se fueran sin conseguirlo, emprendimos la marcha de nuevo.&nbsp; </p><p align="justify">Cuando ya las perdimos de vista y cabalg&aacute;bamos tranquilos por un sendero con cerezos en flor, me pregunt&oacute; Ram&oacute;n.</p><p align="justify">- Despu&eacute;s de haber escuchado ese poema, &iquest;sigues pensando, Estrella, lo mismo de "Platero y yo"?</p><p align="justify">- Lo que pienso es que de ni&ntilde;a no estaba preparada para leer ese libro. No s&eacute; porqu&eacute; dec&iacute;an que era un libro para ni&ntilde;os. De ni&ntilde;os pens&aacute;bamos en jugar con otros ni&ntilde;os, en encontrar nidos de p&aacute;jaros que estropear, o en la huerta en que entrar&iacute;amos a robar la fruta, los guisantes o los tomates. No est&aacute;bamos para ternuras y lirismo. Para eso creo que se deben cumplir a&ntilde;os y haber superado, de forma sana, dif&iacute;ciles etapas de la vida.</p><p align="justify">- Pens&aacute;ndolo bien, creo que tienes raz&oacute;n. A m&iacute; tampoco me parece un libro para ni&ntilde;os. -Hizo una pausa.- Estrella, me tienes admirado por lo r&aacute;pido que aprendes. &iexcl;Para que luego digan que pasados los cuarenta, los mayores no somos capaces de aprender y resultar &uacute;tiles para la sociedad! </p>]]></description><pubDate>Fri, 04 May 2007 19:24:00 +0000</pubDate></item><item><title>Cara de plata</title><link>https://abuelolandia.blogia.com/2007/041601-cara-de-plata.php</link><guid isPermaLink="true">https://abuelolandia.blogia.com/2007/041601-cara-de-plata.php</guid><description><![CDATA[&nbsp; <p align="justify">- No te asustes, Estrella. Es una mujer inofensiva. La encontr&eacute;, asustanda,&nbsp;tras un &aacute;rbol, dice llamarse Sara. </p><p align="justify">Ram&oacute;n, con una gran piedra entre las manos, chorreando agua, adelant&oacute; a la mujer del paraguas amarillo que caminaba muy despacio, pas&oacute; por delante de m&iacute;, me quit&oacute; las riendas de los rocines y se adentr&oacute; en el t&uacute;nel con ellos.</p><p align="justify">- Hola, me llamo Estrella. -Ofrec&iacute; mi mano a la mujer.- Tu nombre es Sara, &iquest;no?</p><p align="justify">Cuando vi su cara de cerca pude comprobar, con horror, que brillaba como el acero inoxidable, que era como una cara de plata.</p><p align="justify">- As&iacute; es como me llamaba mi hermano. -me contest&oacute; con voz de son&aacute;mbula.</p><p align="justify">- &iquest;D&oacute;nde est&aacute; tu hermano? &iquest;Te perdiste?</p><p align="justify">- Dice que vive en una cueva, -replic&oacute; Ram&oacute;n a distancia mientras daba follaje a la caballer&iacute;a-, que hay cerca de aqu&iacute;. Por lo visto le sorprendi&oacute; la tormenta cuando buscaba algo para comer.</p><p align="justify">- Entonces, &iquest;vives sola?</p><p align="justify">- S&iacute;. Viv&iacute; con mi hermano hasta que muri&oacute;. Luego, me escap&eacute; a la monta&ntilde;a...</p><p align="justify">- Estrella, esta pobre mujer necesita ropa seca. Y seguramente tomar algo caliente le vendr&aacute; bien. Busca algo entre tu equipaje que le pueda servir. </p><p align="justify">Ram&oacute;n encendi&oacute; el candil a gas.&nbsp; Por fin se ve&iacute;a en aquel t&uacute;nel siniestro de piedra ceniza y charcos. Busqu&eacute; entre mi equipaje algo que no le quedara demasiado grande a esa mujer tan escu&aacute;lida.&nbsp; "Ven conmigo", le dije, y me la llev&eacute; a un lugar un poco apartado de Ram&oacute;n. </p><p align="justify">Mientras se cambi&oacute; de ropa, hice de perchero.</p><p align="justify">- Trae. Trae el paraguas, yo lo cuido mientras tanto. -Recelosa, se resist&iacute;a.&nbsp; Cuando comprob&oacute; que si lo dejaba en el suelo se manchar&iacute;a, me lo entreg&oacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p><p align="justify">- Viv&iacute;a en el pueblo en una casa junto a mi hermano. Pero mi hermano muri&oacute; y... los hombres del helic&oacute;ptero me persegu&iacute;an... -Parec&iacute;a que deliraba. </p><p align="justify">Yo ten&iacute;a m&aacute;s curiosidad por ver su cuerpo que por lo que dec&iacute;a, tan incoherente.&nbsp; Cuando o&iacute; caer al suelo el h&uacute;medo sobretodo con el que cubr&iacute;a su cuerpo, mir&eacute; de reojo.&nbsp; &iexcl;Qu&eacute; espanto!&nbsp; No parec&iacute;a humana.&nbsp; Su cuerpo estaba tan tiznado de plata como su cara.&nbsp; Mov&iacute;a sus brazos, piernas, cuellos,... con la dificultad del Caballero de la Armadura Oxidada.&nbsp; </p><p align="justify">- Devu&eacute;lveme mi paraguas -me dijo en cuanto acab&oacute; de recogerse el pelo.&nbsp; Se lo di.</p><p align="justify">Nos sentamos a la improvisada mesa que prepar&oacute; Ram&oacute;n en una especie de galer&iacute;a formada en medio del t&uacute;nel, donde preparaba una sopa de sobre.&nbsp; Un peque&ntilde;o refugio de monta&ntilde;a que hacia un gran servicio a los viajeros. Segu&iacute;a lloviendo pero los rayos y truenos hab&iacute;an cesado. Sara cogi&oacute; la botella de agua y, con mano temblorosa, se la llev&oacute; a la boca.&nbsp; Bebi&oacute; durante un rato.&nbsp; </p><p align="justify">- Hac&iacute;a una semana o m&aacute;s que no beb&iacute;a. Estaba seca. -Dijo cuando se saci&oacute;.</p><p align="justify">- &iquest;Con los r&iacute;os que hay por aqu&iacute; no has bebido agua? -pregunt&eacute;.</p><p align="justify">- Es un agua mala, no se puede beber. </p><p align="justify">- &iquest;No? -dije incr&eacute;dula.</p><p align="justify">- &iquest;Porqu&eacute; crees que estoy as&iacute;? -se&ntilde;al&oacute; su cara tiznada de plata.</p><p align="justify">- &iquest;Por el agua? No me lo puedo creer.</p><p align="justify">- Pues, cr&eacute;aselo. </p><p align="justify">- &iquest;No puedo creerme que por beber agua, alguien pueda metalizarse? A lo mejor si me lo explicas...</p><p align="justify">- Aqu&iacute; cerca hay una mina de plomo, no? -dijo Ram&oacute;n. Repart&iacute;a la sopa en cuencos.</p><p align="justify">- As&iacute; es, se&ntilde;or. La mina de plomo es causa de nuestra enfermedad, pero no la &uacute;nica.</p><p align="justify">- No encuentro la relaci&oacute;n entre la mina de plomo y el agua. Ya sabes, mi <em>cejotas</em>, que dej&eacute; la escuela a los catorce a&ntilde;os. </p><p align="justify">- La mina de plomo est&aacute; al lado del r&iacute;o del que bebemos agua la gente en el pueblo. -Dijo Sara cuando termin&oacute; la sopa. Se la ve&iacute;a mucho m&aacute;s animada.- El plomo, eso es lo que o&iacute; decir a mi hermano, despide unas sustancias que se esparcen por el aire y caen al r&iacute;o, a los campos... Usted, Estrella, se extra&ntilde;a de que no beba agua de lluvia o de los arroyos. &iquest;Porqu&eacute; cree que no bebo esa agua? Porque tambi&eacute;n est&aacute; contaminada por el plomo.</p><p align="justify">- Nunca o&iacute; decir que las sales del plomo produjeran esa reacci&oacute;n. -Intervino Ram&oacute;n.- Conoc&iacute;a los problemas g&aacute;stricos, pero lo que cuentas que te pasa a ti es algo ins&oacute;lito. Tiene que haber algo m&aacute;s. Otra sustancia. Tiene que estar mezclado con neodimio, u otro elemento similar, para que resulte tan pernicioso.</p><p align="justify">- Puede ser. Es posible... -admiti&oacute;.</p><p align="justify">- Oye, Sara, &iquest;porqu&eacute; bebiste esa agua si sab&iacute;as que era mala? -Pregunt&oacute; Ram&oacute;n.</p><p align="justify">- Durante siglos nuestros antepasados bebieron ese agua con plomo y comieron las hortalizas que daban sus huertas sin que nunca les pasara nada. Y as&iacute; fue durante muchos a&ntilde;os de mi existencia...</p><p align="justify">- &iquest;Alguien quiere tomar un t&eacute;? -interrump&iacute; cuando acabamos de comer.</p><p align="justify">- Yo, s&iacute;. -contest&oacute; Ram&oacute;n.</p><p align="justify">- Es rojo? -Pregunt&oacute; Sara. Asent&iacute; con la cabeza-. Entonces beber&eacute; agua, -dijo.</p><p align="justify">- &iquest;No tomas t&eacute; porque no te gusta o hay otras razones? -pregunt&eacute;.</p><p align="justify">- En mi pueblo existe la creencia de que el t&eacute; rojo facilita el asentamiento del plomo en las c&eacute;lulas. Tambi&eacute;n el caf&eacute;. Nosotros nunca tomamos ese tipo de bebidas.</p><p align="justify">- Y &iquest;qu&eacute; tom&aacute;is, entonces?</p><p align="justify">- Ahora, nada. Antes, infusiones de tallo del lirio amarillo. </p><p align="justify">- &iquest;Cu&aacute;ndo fue eso? &iquest;Cu&aacute;ndo el agua no te pon&iacute;a el cuerpo de plata?</p><p align="justify">- Exacto. Nunca pas&oacute; nada cuando condiment&aacute;bamos nuestros guisos con la flor del lirio amarillo y prepar&aacute;bamos nuestras infusiones con el tallo.</p><p align="justify">- Y si eso es as&iacute;. &iquest;Porqu&eacute; dejasteis de utilizar esa planta? &iquest;Desapareci&oacute;? -Ram&oacute;n, con su inseparable navaja albacete&ntilde;a, cortaba rodajas de la sarta de chorizo que se com&iacute;a con pan.</p><p align="justify">- Peor que eso. Ahora, esas flores que nacieron de forma natural en el bosque, tienen due&ntilde;o. </p><p align="justify">- &iquest;Qu&eacute; dices? &iquest;C&oacute;mo es eso? -pregunt&eacute;, incr&eacute;dula.</p><p align="justify">- Un d&iacute;a llegaron unos hombres en helic&oacute;ptero, empapelaron el pueblo con pasquines de prohibici&oacute;n, "al que pillemos cogiendo una, le cortamos la mano", dec&iacute;a la leyenda, recogieron todas las flores y volvieron a desaparecer en el helic&oacute;ptero.</p><p align="justify">- &iquest;Y qu&eacute; pas&oacute;? &iquest;Qu&eacute; volvieron?</p><p align="justify">- Antes de que los lirios florecieran de nuevo llegaron al pueblo unos hombres vestidos con ropa de camuflaje y armas a la espalda y se quedaron para vigilar el bosque. Tuvimos que acostumbrarnos a cocinar sin la flor del lirio amarillo. Renunciamos a nuestras infusiones. Pronto empezamos a sentirnos enfermos. Nos dol&iacute;a el est&oacute;mago, la tripa, las piernas,... las digestiones eran interminables, la orina cambi&oacute; de color. Y, tambi&eacute;n nuestra piel. Fue adquiriendo un tono metalizado. Pero es que, lo mismo que le estaba pasando a nuestra piel, le ocurr&iacute;a al h&iacute;gado, a los m&uacute;sculos, al p&aacute;ncreas,... Los &oacute;rganos se iban endureciendo hasta que llegaba el d&iacute;a en que la rigidez les paralizaba. Y mor&iacute;amos. </p><p align="justify">- &iquest;Nadie denunci&oacute; lo que all&iacute; estaba ocurriendo?</p><p align="justify">- S&iacute;, pero sin &eacute;xito. Los due&ntilde;os de las flores son muy poderoso. Supieron callar las voces denunciantes. A unos, compr&aacute;ndoles y regal&aacute;ndoles flores; y, otros, los que no pod&iacute;an comprar, acabaron muriendo, como dec&iacute;an los peri&oacute;dicos, "en extra&ntilde;as circunstancias". Ese fue el caso de mi hermano que era mec&aacute;nico de coches. Un d&iacute;a, cuando trabajaba en los bajos de uno, cay&oacute; una gr&uacute;a encima y le aplast&oacute;.</p><p align="justify">- Y a ti, &iquest;porqu&eacute; te persiguen?</p><p align="justify">- Porque soy la &uacute;nica persona con la enfermedad que est&aacute; libre. Cuando se descubri&oacute; que nuestros problemas de salud comenzaron cuando dejamos de comer el lirio amarillo, nos obligaron a beber agua embotellada y no dejaron sembrar los campos. Pero ya era tarde. El mal estaba hecho. Muri&oacute; mucha gente y los que no murieron est&aacute;n recluidos en una especie de c&aacute;rcel, como si fueran apestosos leprosos, escondidos a miradas ajenas para que no estalle el esc&aacute;ndalo.</p><p align="justify">- Todo por unas flores que nunca interesaron a nadie. &iexcl;Madre m&iacute;a! -exclam&eacute;.</p><p align="justify">- T&uacute;, Sara, &iquest;porqu&eacute; crees que los hombres del helic&oacute;ptero se llevan esas flores? -pregunt&oacute; Ram&oacute;n que, por fin, hab&iacute;a dejado de comer y pon&iacute;a az&uacute;car a su t&eacute; .</p><p align="justify">- Nunca lo dijeron, salvo que ten&iacute;an due&ntilde;o. Antes que ellos, vinieron unos j&oacute;venes de una universidad americana. Dijeron que quer&iacute;an catalogar toda la flora aut&oacute;ctona del lugar. Se fueron y poco despu&eacute;s lleg&oacute; el helic&oacute;ptero. Mi hermano oy&oacute; hablar una vez al Alcalde con uno de los hombres del helic&oacute;ptero. Hablaban de medicamentos.</p><p align="justify">- &iexcl;Ah! Ya entiendo -dijo Ram&oacute;n-. Alguna multinacional descubri&oacute; que esa flor era beneficiosa para algo... como alg&uacute;n medicamento o alg&uacute;n producto de belleza... Registr&oacute; la patente cumpliendo con todos los requisitos legales, llen&oacute; los bolsillos de los gobernantes de turno... Al fin y al cabo, sacrificar un pu&ntilde;ado de personas con el gran beneficio que supone para otras muchas, los privilegiados del Primer Mundo, es <em>pecata minuta</em>.</p><p align="justify">- Y &iquest;pueden hacer eso? &iquest;Una flor que siempre creci&oacute; sin due&ntilde;o en el campo, una flor de la que durante siglos se beneficiaron las gentes de esta zona, de pronto puede venir alguien y decirles que a quien pillen cogiendo una flor le cortan la mano? -Pregunt&eacute; indignada.</p><p align="justify">- Es m&aacute;s de lo mismo. Lo de siempre. Llegan las multinacionales a los lugares donde est&aacute; la materia prima y la extrae hasta esquilmar la zona y arruinar a los lugare&ntilde;os. Ocurri&oacute; en Ecuador que con la extracci&oacute;n de petr&oacute;leo, contaminaron los r&iacute;os y los campos y les dejaron sumidos en la m&aacute;s absoluta pobreza. F&iacute;jate, Estrella, en la cantidad de ecuatorianos que hace a&ntilde;os llegaron a Espa&ntilde;a. Ocurre con la contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica con &oacute;xido carb&oacute;nico y otras sustancias de efecto invernadero. El cambio clim&aacute;tico y la previsible subida de las temperaturas tienen sus m&aacute;s inmediatos efectos negativos en &Aacute;frica, que se desertiza a pasos agigantados. Sin agua, sin sembrar sus tierras, sin pasto para el ganado... imposible sobrevivir all&iacute; dentro de unos a&ntilde;os. Ocurre con las grandes empresas pesqueras que con sus grandes barcos llegan por mar a los rincones m&aacute;s rec&oacute;nditos del mundo a extraer toneladas de kilos de peces al d&iacute;a hasta extinguir los caladeros de peces, &uacute;nico alimento, en muchos casos, de las gentes que viven por all&iacute;. Ocurre. Y, desgraciadamente, ha ocurrido siempre. Las civilizaciones dominantes se llevan todo lo que pueden de los dominados o m&aacute;s d&eacute;biles. As&iacute; ha sido a lo largo de la Historia, con los fenicios, los romanos, los espa&ntilde;oles, los ingleses, belgas, franceses, norteamericanos... por poner unos ejemplos.</p><p align="justify">- &iexcl;Qu&eacute; horror! Estamos acabando con todo. Me da verg&uuml;enza. Los seres humanos, los &uacute;nicos animales capaces de pensar... Y, &iquest;para esto? &iquest;Para destruir la vida en el planeta Tierra y morir, como el S&eacute;ptimo de Caballer&iacute;a, con las botas puestas?</p><p align="justify">- S&iacute;, Estrella. Si algo imprevisto no lo remedia, ese es nuestro fatal destino.</p><p align="justify">- Y, Sara... &iquest;Qu&eacute; podemos hacer por ella? -La mir&eacute;. Entonces me di cuenta de que, recostada contra la pared, se hab&iacute;a quedado dormida abrazada a su paraguas. </p><p align="justify">- Tal vez podamos llevarla hasta el Castillo de Abuelolandia. Aunque no podamos salvarla, al menos, le haremos m&aacute;s agradable la vida. </p><p align="justify">- Muy buena idea. -le dije abriendo estrepitosamente la boca.- &iexcl;Uf, qu&eacute; sue&ntilde;o me ha entrado! Creo que yo tambi&eacute;n voy a dormir un rato.</p><p align="justify">Con las colchonetas y sacos de dormir preparamos una gran cama donde dormimos los tres hasta el d&iacute;a siguiente. Nos despertaron los cantos de los p&aacute;jaros con su traj&iacute;n matutino.&nbsp; Desayunamos, Ram&oacute;n reparti&oacute; follaje y agua entre los caballos y levantamos el tenderete.&nbsp; Por m&aacute;s que insistimos en que Sara se viniera con nosotros, se neg&oacute; de plano.&nbsp; Aferrada a su paraguas amarillo nos dijo.</p><p align="justify">- Esta es mi tierra, entre estos riscos, casta&ntilde;os y hayedos, siento que formo parte de ellos. Mi sitio est&aacute; aqu&iacute;. Y, adem&aacute;s, en mi cueva me espera un corzo herido que, en este momento, creer&aacute; le he abandonado. </p><p align="justify">Entendimos y respetamos su deseo de seguir su vida en aquella serran&iacute;a.&nbsp; Pero hab&iacute;a algo que segu&iacute;a rondando mi cabeza, hab&iacute;a una pregunta que quer&iacute;a hacerle desde que la vi avanzar bajo la lluvia.</p><p align="justify">- Sara, &iquest;podr&iacute;as responderme a otra pregunta? La &uacute;ltima, te lo prometo, -le dije.</p><p align="justify">- Por supuesto. Si puedo, responder&eacute; con mucho gusto.</p><p align="justify">- Cuando te vi en la boca del t&uacute;nel, me sorprendi&oacute; el intenso color amarillo de tu paraguas, en contraste con tus ropas, descoloridas por el uso. Durante el tiempo que has estado con nosotros he observado que siempre est&aacute;s en contacto con el paraguas, incluso has dormido con &eacute;l. Seguro que lo haces por algo que tiene una explicaci&oacute;n...</p><p align="justify">- En el pueblo existe una creencia. Tocar algo de color amarillo, es como una vacuna que paraliza el avance del plomo en nuestro cuerpo.</p><p align="justify">- Muy bien. Ahora entiendo lo del color amarillo. Pero, &iquest;porqu&eacute; un paraguas?</p><p align="justify">- &iexcl;Oh, por nada especial! Mera coincidencia. Alguien se lo dej&oacute; en la monta&ntilde;a y yo me adue&ntilde;&eacute; de &eacute;l. Eso es todo.</p><p>&nbsp;</p><p align="right">&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Mon, 16 Apr 2007 20:17:00 +0000</pubDate></item><item><title>La persiana del cielo</title><link>https://abuelolandia.blogia.com/2007/040301-la-persiana-del-cielo.php</link><guid isPermaLink="true">https://abuelolandia.blogia.com/2007/040301-la-persiana-del-cielo.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p>Atr&aacute;s qued&oacute; el valle y el placer de disfrutar de su bello paisaje y de los poemas de Antonio Machado.&nbsp; De nuevo volv&iacute;amos a la monta&ntilde;a.&nbsp; Nos adentr&aacute;bamos en la serran&iacute;a cuando un viento, como mano invisible que cerraba la persiana del cielo, nos trajo, r&aacute;pidamente, las nubes negras del horizonte.&nbsp;&nbsp; Los mulos estaban inquietos, caminaban retra&iacute;dos. Y justo cuando &iacute;bamos a tomar la curva en la subida a una pe&ntilde;a, un rayo se apareci&oacute; ante nosotros y el caballo de Ram&oacute;n, que iba delante, se encabrit&oacute; al borde del barranco.&nbsp; </p><p>La ca&iacute;da libre del precipicio era de m&aacute;s de cien metros.&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi mente, que va m&aacute;s deprisa que la realidad, vio caer, a mi <em>cejotas </em>con su caballo blanco, y dar golpes contra la cortada de piedra, hasta quedar despanzurrados, los dos, entre los matojos que crec&iacute;an junto al arroyo.&nbsp; En un instante lo vi muerto. </p><p>Mi boca se abri&oacute; para chillar pero ning&uacute;n sonido sali&oacute; de mis cuerdas vocales. No era momento de histerias sino de actuar.&nbsp; Deb&iacute;a inmovilizar a mi mulo y lo hice.&nbsp;&nbsp; Ram&oacute;n, dando muestras -una vez m&aacute;s- de sus habilidades, no s&oacute;lo aguant&oacute; encima del caballo sin caer, sino que lo domin&oacute; hasta hacerle recuperar su posici&oacute;n a cuatro patas sobre el sendero. Y, adem&aacute;s, por si eso fuera poco, control&oacute; tambi&eacute;n a la mula rubia con la carga que, atada a la silla, se vio arrastrada por el caballo.</p><ul><li>- Tenemos que llegar al t&uacute;nel antes de que empiece a llover. Est&aacute; muy cerca de aqu&iacute;. -Lo dijo con absoluta naturalidad, como si no hubiera pasado nada, aunque su acelerada y ruidosa respiraci&oacute;n delataba el esfuerzo. </li></ul><p>"&iexcl;Arre", le dije a mi mulo.&nbsp; Y se puso en marcha. </p><p>En cuanto doblamos el siguiente recodo, al fondo, como una diadema verde con pedrer&iacute;a, estaba la boca negra del t&uacute;nel cubierta de hierba y rocas.&nbsp; Sobre &eacute;l, como dos antenas destacaban dos &aacute;rboles.&nbsp; Llegamos all&iacute; vitoreados por una mascletada de fuegos de artificio y ruido de truenos digna de estar entre las mejores <em>masclet&aacute;s</em> de las Fallas de Valencia. Hab&iacute;a comenzado a llover.&nbsp; Ram&oacute;n se baj&oacute; de su caballo y yo intent&eacute; hacer lo propio con mi mulo.&nbsp; Pero, &iexcl;ay!, imposible mover mis piernas.</p><ul><li>- Ram&oacute;n, ay&uacute;dame a bajar de aqu&iacute;. Creo que no puedo moverme. -Del agobio que me entr&oacute;, not&eacute; un sofoco digno de los mejores momentos de mi entrada en la menopausia.</li><li>- Espera un momento. Ato mi caballo y la mula y te ayudo. </li></ul><p>Mientras esperaba, volv&iacute; a intentar bajarme sola.&nbsp; El dolor de ingles y la flojera de las piernas me lo imped&iacute;a. Qu&eacute; inc&oacute;modo estaba resultando aquel viaje.&nbsp; Y qu&eacute; poco ten&iacute;a que ver con la imagen id&iacute;lica que me hice el d&iacute;a que Ram&oacute;n llam&oacute; a la puerta de mi casa y, al abrir, me dijo:&nbsp; "Dame un beso y te llevar&eacute;, al lomo de mi caballo blanco, al Castillo de Abuelolandia".</p><ul><li>- &iquest;Has acabado ya de atar los caballos? -me exasperaba seguir sobre aquel mulo negro, viejo y manso. Mi voz, en aquel lugar, rebot&oacute; airada, </li><li>- No es f&aacute;cil atarlos -me contest&oacute; pausado. A veces su tranquilidad me sacaba de quicio.- No encuentro la manera. Aquella rama que asoma en la entrada parece demasiado fina. Voy a buscar una piedra.</li><li>- Te vas a mojar -le dije como si &eacute;l no supiera que llov&iacute;a.- &iquest;Y no podr&iacute;as bajarme de aqu&iacute; antes de ir a buscar la piedra? No creo que con la tormenta que est&aacute; cayendo quieran escapar los caballos...</li><li>- No es que quieran escapar, es que cualquier rayo o trueno puede asustarlos y hacerles echar a correr alocadamente. Mira lo que pas&oacute; con Valerio. -Hizo una pausa. Debi&oacute; recapacitar porque, a continuaci&oacute;n, dijo- Vale, Estrella. Te ayudo. Ven. &Eacute;chate a mis brazos. -Al poner sus manos sobre mi cintura, me dio un beso en mis pobladas cejas blancas que me supo a miel.</li></ul><p>Me abrac&eacute; a su cuello, bes&eacute; tambi&eacute;n sus cejas blancas, m&aacute;s largas y rizadas que las m&iacute;as, y dej&eacute; mi cuerpo muerto.&nbsp; Ram&oacute;n me apret&oacute; con fuerza la cintura para descabalgarme de aquel pac&iacute;fico mulo. Al instante not&eacute; un chasquido de ingles y un dolor que baj&oacute; por mis piernas hasta&nbsp; los dedos de mis pies.&nbsp; Sin ning&uacute;n miramientos, me dej&oacute; en el suelo y march&oacute; en busca de la piedra.</p><p>- Vigila el caballos y los mulos. - me dio las riendas.&nbsp; </p><p>&nbsp;Me qued&eacute; de pie con dolor de todo. Los caballos me llevaban de ac&aacute; para all&aacute;, encaprichados con los charcos que se formaban entre las piedras.&nbsp; Y yo, entumecida, me mov&iacute;a como un orangut&aacute;n en el zoo. A veces, cada animal tiraba para un lado y yo aguantaba las correas, dividida, como pod&iacute;a.&nbsp; Eso s&iacute;, sin perder de vista la ramita de la entrada al t&uacute;nel por donde vi desaparecer a Ram&oacute;n con su impermeable rojo. </p><p>Pasaba el tiempo. Aquella espera se me hac&iacute;a eterna.&nbsp; Desesperada, en aquella oscuridad y silencio roto por la tormenta, grit&eacute;:</p><ul><li>- &iexcl;Ram&oacute;n!.</li></ul><p>Como respuesta, un rayo atraves&oacute; la ramita, le prendi&oacute; fuego y la hizo saltar por los aires.&nbsp; Mis mulos y yo nos asustamos, relinchamos, nos encabritamos y salimos corriendo hacia la otra boca del t&uacute;nel.&nbsp; Esta vez el cuadr&uacute;pedo que se desmadr&oacute; fue la mula con la carga.&nbsp; Dio un fuerte tir&oacute;n y escap&oacute;.</p><ul><li>- &iexcl;Rubia! &iexcl;Rubia!, -le grit&eacute;-. &iexcl;Quieta, quieta! &iexcl;Sooo...! </li></ul><p>A tientas, tirando de los otros animales, la busqu&eacute;.&nbsp; Otro rayo ilumin&oacute; el lugar y, de otro susto, la mula se qued&oacute; paralizada. &iexcl;Gracias a D&iacute;os!, me dije al alcanzarla. Nerviosa y atemorizada por la situaci&oacute;n, a acariciar los animales, necesitaba sentir su calor. Si hace dos meses, en el mercadito ambulante de venta de pijamas, una adivina me relata esta escena, me habr&iacute;a re&iacute;do de ella a carcajada limpia.&nbsp; Y sin embargo, estaba all&iacute;, en aquel t&uacute;nel oscuro, en medio de una fuerte tormenta, sola y con tres caballos a mi cargo.&nbsp; Esto es una prueba evidente de que el futuro es impredecible; de que, en &eacute;l, cabe todo, por inveros&iacute;mil que parezca. </p><p>M&aacute;s tranquila, arrastr&eacute;&nbsp; la caballer&iacute;a hacia la otra entrada del t&uacute;nel, por donde hab&iacute;a salido Ram&oacute;n.&nbsp; &iquest;Le habr&aacute; alcanzado el rayo?, me pregunt&eacute;.&nbsp; </p><p>-&nbsp; Ram&oacute;n, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;s? -iba diciendo.</p><p>De pronto, me pareci&oacute; ver que, donde el rayo destroz&oacute; el &aacute;rbol, algo se mov&iacute;a.</p><ul><li>- &iexcl;Ram&oacute;n! &iexcl;Ram&oacute;n!</li></ul><p>Nadie me contest&oacute;. </p><p>Ante m&iacute; apareci&oacute; la figura de una mujer. No pude distinguir su cara pero, s&iacute;, su pelo...&nbsp; suelto, largo, lacio y mojado. En la mano llevaba un paraguas color amarillo. </p><p>"Un fantasma o un alma en pena", pens&eacute;. </p><p>Fueron tantas los sentimientos y emociones que experiment&eacute; en tan corto lapso de tiempo que ha no sab&iacute;a si sent&iacute;a dolor, miedo, rabia,... o el fin de mi vida.&nbsp; </p>]]></description><pubDate>Tue, 03 Apr 2007 10:26:00 +0000</pubDate></item><item><title>Chopos, encinas,... y Antonio Machado</title><link>https://abuelolandia.blogia.com/2007/031601-chopos-encinas-y-antonio-machado.php</link><guid isPermaLink="true">https://abuelolandia.blogia.com/2007/031601-chopos-encinas-y-antonio-machado.php</guid><description><![CDATA[&nbsp;&nbsp;&nbsp; <p align="justify">Nos dirig&iacute;amos al Castillo de Abuelolandia. Ram&oacute;n montado sobre su caballo Valerio y yo sobre el mulo Mego.&nbsp; Hab&iacute;amos subido y bajado dos monta&ntilde;as por un estrecho y sinuoso camino cuando atisbamos un valle.&nbsp; </p><p align="justify">Durante el trayecto recorrido por la monta&ntilde;a lo pas&eacute; fatal.&nbsp; No pod&iacute;a evitar pensar en un traspi&eacute; del mulo que me hiciera caer barranco abajo. Erguida sobre aquel animal, no mov&iacute;a ni un m&uacute;sculo de mi cara, incluso, a veces, cuando cog&iacute;amos una curva en el camino, concentrada como estaba en mantener el equilibrio, se me olvidaba hasta respirar.&nbsp; Ram&oacute;n iba delante, muy despacio.&nbsp; As&iacute;, obligaba a mi mulo a caminar lento para que yo no sintiera lo abrupto del camino en mis posaderas.&nbsp; &Iacute;bamos callados.&nbsp; S&oacute;lo se o&iacute;a el jadeo de los caballos en las subidas y el golpear de los cascos sobre las piedras.&nbsp;&nbsp; Me agarraba a las riendas de Mego como si fuera la cuerda que me ataba a la vida.&nbsp; Por nada del mundo estaba dispuesta a morir.&nbsp; </p><p align="justify">Llegar al Castillo de Abuelolandia se hab&iacute;a convertido en mi deseo m&aacute;s fuerte.&nbsp; Quer&iacute;a ver c&oacute;mo los viejos enfermos y marginados que habitaban el castillo pod&iacute;an recuperar su sue&ntilde;o de juventud para realizarlo all&iacute;.&nbsp; El sue&ntilde;o que esa gente no pudo realizar en la mejor etapa de su vida,&nbsp; lo iban a ver cumplido en&nbsp; sus a&ntilde;os finales, en su decrepitud. Ver para creer.</p><p align="justify">Ya en el valle, cuando el suelo se torn&oacute; llano, estir&eacute; mi cuerpo sobre la silla de montar, afloj&eacute; las manos sobre las riendas e incluso me entraron ganas de platicar con Ram&oacute;n.&nbsp; El sol de marzo realzaba el verdor de aquellos prados. Por fin disfrutaba del viaje.</p><ul><li><div>- <em>Cejotas</em>, &iquest;por qu&eacute; se llama Valerio tu caballo? </div></li><li><div>- En honor a un amigo de infancia que muri&oacute; joven. -me contest&oacute; al instante.</div></li></ul><p align="justify">Enseguida llegamos a una vereda que discurr&iacute;a entre la orilla del r&iacute;o y los prados.&nbsp;&nbsp; El agua del r&iacute;o limpia y clara dejaba a la luz su fondo verdoso. </p><p align="justify">Valerio, el caballo blanco de Ram&oacute;n, y Mego, mi viejo mulo negro, tambi&eacute;n debieron notar el cambio porque su andar cansino se torn&oacute; en un trotecillo alegre sobre el suelo cubierto de&nbsp; hojas amarillas.&nbsp;&nbsp; &iexcl;Con qu&eacute; elegancia trotaba y balanceaba Valerio sus doradas crines!</p><ul><li><div>- &iexcl;Pobre! &iquest;Qu&eacute; fue lo que le pas&oacute;? -quise saber de su amigo.</div></li><li><div>- Una noche se acost&oacute; y ya no se levant&oacute;. Ten&iacute;a 35 a&ntilde;os y la obsesi&oacute;n por adelgazar. Era gordito y eso le acomplejaba mucho, sobretodo ante las mujeres. Tubo la desgracia de perder la cabeza por una mujer que le martirizaba por su sobrepeso. Y &eacute;l dej&oacute; de comer. Su coraz&oacute;n sucumbi&oacute; a la estricta dieta a que se someti&oacute;. -Hizo una pausa-. &iquest;Sabes? &Eacute;l tambi&eacute;n formaba parte del proyecto Abuelolandia, -&eacute;l, Lendo y yo-, pero muri&oacute; sin llegar a verlo realizado. </div></li></ul><p align="justify">Se espesaba el suelo de hojas secas.&nbsp;&nbsp; </p><ul><li><div>- &iexcl;Qu&eacute; gusto da pisar este suelo de hojas! Parece que caminamos por una alfombra tejida con lanas de toda la gama de amarillos. Me encanta el color amarillo. -Hice una pausa-. Adivina, adivinanza. &iquest;De qu&eacute; &aacute;rboles son estas hojas?</div></li><li><div>- "Los chopos, cerca del agua que fluye, (...) en su eterno escalofr&iacute;o copian del agua del r&iacute;o las vivas ondas de plata", -me recit&oacute; mi querido <em>cejotas</em>. Luego, a&ntilde;adi&oacute;-. Es una pena que hagamos este viaje en invierno porque no tienes la oportunidad de darte cuenta de la verdad que encierra el poema.</div></li><li><div>- Te olvidas, mi <em>cejotas</em>, de que de ni&ntilde;a viv&iacute; en un pueblo. Y para que lo sepas, desde la ventana de mi habitaci&oacute;n ve&iacute;a las ramas de dos enormes chopos. Y en verano, con la ventana abierta por la noche, me dorm&iacute;a mecida en su... &iquest;c&oacute;mo dice el poema?, "eterno escalofr&iacute;o", no?</div></li><li><div>- S&iacute;, eso dice Antonio Machado del chopo. Y tambi&eacute;n habla de los eucaliptos, el pino, los olmos... la encina... Es un largo poema que lo titula "Las encinas". "&iexcl;Encinares castellanos/ en laderas y altozanos,/ serrijones y colinas/ llenos de oscura maleza, /encinas, pardas encinas; / humildad y fortaleza!". As&iacute; comienza el poema. Y sigue con el roble. "El roble es la guerra, el roble / dice el valor y el coraje". "El pino es el mar, el cielo y la monta&ntilde;a..." "Las hayas son la leyenda. /Alguien, en las viejas hayas, le&iacute;a una historia horrenda de cr&iacute;menes y batallas..." </div></li><li><div>- &iexcl;Mira, a un lado los chopos y a otro las encinas! -se&ntilde;al&eacute; hacia un prado.- &iexcl;Qu&eacute; hermoso ramillete de encinas!</div></li><li><div>- &iquest;Ves, Estrella, c&oacute;mo se&ntilde;orean en medio del campo? Tan redondeadas, tan compactas, sus hojas siempre verdes, sea invierno o verano, haga fr&iacute;o o calor... Escucha lo que dice el poeta: "...ya bajo el sol que calcina, ya contra el hielo invernizo, el bochorno y la borrasca, el agosto y el enero, los copos de la nevasca, los hilos del aguacero, siempre firme, siempre igual, impasible, casta y buena,...". Es eterna. Hay encinas milenarias. Cerca del Castillo ver&aacute;s unas encinas enormes que tienen cientos de a&ntilde;os. </div></li><li><div>- Te oigo hablar con ese entusiasmo de las encinas y mi padre viene a mi memoria. Recuerdo la veneraci&oacute;n con que cuidada las encinas y los robles de un peque&ntilde;o bosque de su propiedad. Estuvo a&ntilde;os intentando que yo supiera diferenciarlos. "&iquest;Esto que es?, &iquest;encina o roble?", me preguntaba cuando camin&aacute;bamos en medio de su bosque. Y yo siempre me liaba. Lo que me cost&oacute; diferenciarlos. La encina es de hoja perenne; los robles pierden la hora en invierno. Ahora ya lo s&eacute;. Pero cuando me lo preguntaba mi padre, no sab&iacute;a si la hoja se le ca&iacute;a al roble o a la encina. "F&iacute;jate en el trono, -se desesperaba-, el de la encina es negro".</div></li></ul><p align="justify">De nuevo, se hizo el silencio entre nosotros.&nbsp; Me sent&iacute;a extra&ntilde;a cabalgando por aquel lugar tan deshabitado. S&oacute;lo llevaba unas horas por aquellas monta&ntilde;as y mi vida en Valencia -m&aacute;s de treinta a&ntilde;os-,&nbsp; quedaba fuera de la realidad, como algo so&ntilde;ado.&nbsp; Escapaba por las patas traseras de Mego, a modo de tubo de escape,&nbsp;en una espiral que se estiraba y agrandaba en el aire hacia el cielo.&nbsp; Mis hijos, mi pobre marido, la tienda de ultramarinos, el motocarro, el reloj de pared que trajimos de Suiza, el puesto ambulante de pijamas..., mi nieta.&nbsp; Todo ello revoloteaba en el aire,&nbsp; atra&iacute;do por esa espiral, para perderse en la lejan&iacute;a y, as&iacute;, dejar sitio a todo lo que vendr&aacute; en esta nueva aventura. </p><p align="justify">La traves&iacute;a por el valle tocaba a su fin.&nbsp; El sendero comenzaba a enfilarse de nuevo entre dos monta&ntilde;as. &Iacute;bamos al encuentro de unos nubarrones negros que no auguraban nada bueno.&nbsp; &iexcl;Mamma m&iacute;a!&nbsp; Lluvia, no, por favor.</p>]]></description><pubDate>Fri, 16 Mar 2007 18:25:00 +0000</pubDate></item><item><title>Las caballerizas</title><link>https://abuelolandia.blogia.com/2007/022401-las-caballerizas.php</link><guid isPermaLink="true">https://abuelolandia.blogia.com/2007/022401-las-caballerizas.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p align="justify">Las caballerizas en la Fonda de Avelino eran una prueba evidente de que el viaje en coche hab&iacute;a terminado.&nbsp; </p><p align="justify">Por la ma&ntilde;ana, me levant&eacute; con nervios en el est&oacute;mago.&nbsp; Ram&oacute;n, en cambio, cantaba en la ducha "La donna in movile".&nbsp; El nuevo trance al que me enfrentaba era dif&iacute;cil de asumir.&nbsp; Viajar sobre el lomo de un mulo -aunque fuera manso-, monta&ntilde;a arriba y monta&ntilde;a abajo&nbsp; y guardar el equilibrio sin caer, no iba a ser coser y cantar.&nbsp; Y eso en el mejor de los casos porque tambi&eacute;n podr&iacute;a llover y no encontrar nada mejor para protegernos de la lluvia que un &aacute;rbol. </p><p align="justify">Despu&eacute;s de desayunar, cogimos nuestro equipaje y&nbsp; salimos a la calle junto a Avelino, el due&ntilde;o de la fonda.&nbsp; Amanec&iacute;a.&nbsp; Entre la niebla se divisaban los restos de lo que fueron una docena de casas convertidas en ruina.&nbsp; Un pueblo m&aacute;s de tantos pueblos abandonados en Castilla del que Avelino se hab&iacute;a hecho el due&ntilde;o. El &uacute;nico edificio que se manten&iacute;a en pie era la fonda y las caballerizas que se extend&iacute;an hacia una enorme pradera verde. Caballos, yeguas y mulas esparcidos por el prado, se acercaban al trote a la entrada donde un criado repart&iacute;a la hierba seca de un fardo.</p><p align="justify">Nos adentramos en la cuadra junto a Avelino.&nbsp; </p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aqu&iacute; est&aacute; Valerio. -Se&ntilde;al&oacute; la caballeriza n&uacute;mero 4.- Espl&eacute;ndido, eh?&nbsp; El preferido de Julio.&nbsp; No hay otro caballo que el criado mime m&aacute;s que a &eacute;ste.</p><p align="justify">Era un caballo blanco que rumiaba hierba en aquel momento.&nbsp; "El caballo del que tanto me habl&oacute; Ram&oacute;n", pens&eacute;.&nbsp; Su cara afilada me pareci&oacute; guapa. Ojos negros que derrochaban la viveza y alegr&iacute;a propia de su juventud. &iexcl;Qu&eacute; gracia! Sus cejas tambi&eacute;n eran blancas. Y las crines se volv&iacute;an doradas en las puntas, lo que le daba un aire m&aacute;gico.&nbsp; Ram&oacute;n se abraz&oacute;, y Valerio, dando saltos con las patas traseras, relinchaba de contento.&nbsp;&nbsp; Lo acarici&oacute; repetidas veces antes de abrir la puerta para sacarlo de all&iacute;. </p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iexcl;Julio! -llam&oacute; Avelino a su palafrenero-.&nbsp; Ay&uacute;dame con las mulas. Saca la mula rubia y le pones los cestos para llevar la carga.&nbsp; Ya sabes, la n&uacute;mero 10.&nbsp; Col&oacute;cale los cestos.&nbsp; Metes, a un lado, el equipaje y, al otro, las bolsas de comida.</p><p align="justify">Avelino se adentr&oacute; hasta el fondo de las caballerizas y sac&oacute; un mulo negro.&nbsp; Lo vi venir por el pasillo hacia donde estaba yo, junto a la puerta exterior.&nbsp; Me pareci&oacute; que me miraba con ojos asustadizos.&nbsp; &iexcl;El pobre!&nbsp; Como si supiera que le hab&iacute;a tocado en suerte una p&eacute;sima y pesada amazona.&nbsp; Cuando le tuve ante m&iacute; pude ver su pelo.&nbsp; Nada que ver con el de Valerio.&nbsp; Opaco, ralo y, en la frente y la grupa, cerca del nacimiento del rabo, ten&iacute;a el pelo arrancado a tirones.&nbsp; Lucia negras calvas con costras.&nbsp; Paticorto y...&nbsp; &iquest;zambo?&nbsp; &iexcl;Ay, madre m&iacute;a!, me estremec&iacute;. Mi coraz&oacute;n comenz&oacute; a latir con fuerza, quer&iacute;a salirse por mi garganta.&nbsp; </p><p align="justify">- Este es el mulo que he seleccionado para usted.&nbsp; Se llama Mego. -Me dijo Avelino.-&nbsp; Le puse ese nombre por lo manso que es,&nbsp; -extendi&oacute; el brazo con las riendas hacia m&iacute;.-&nbsp; Aunque no resulte lucido a la vista es una joya de jamelgo.&nbsp; En m&aacute;s de una ocasi&oacute;n, le sacar&aacute; de alg&uacute;n problema imprevisto de los muchos que esconde la monta&ntilde;a. </p><p align="justify">Avelino me ofreci&oacute; las bridas que, por supuesto,&nbsp; no cog&iacute;.&nbsp; &iquest;C&oacute;mo iba a hacerme cargo de aquel animal, as&iacute;, de repente?&nbsp;&nbsp; &iquest;Ram&oacute;n?&nbsp; &iquest;D&oacute;nde estaba?&nbsp; &iquest;Qu&eacute; hac&iacute;a?&nbsp;&nbsp; Le busqu&eacute;, angustiada, con la mirada.&nbsp; All&iacute; estaba, junto a su caballo, como era de esperar. &nbsp;Revisaba los cascos y herraduras.&nbsp; Era evidente que se hab&iacute;a olvidado por completo de m&iacute;.&nbsp; Y yo, abandonada en un trance tan dif&iacute;cil, estaba a punto de sufrir un ataque de nervios.&nbsp; </p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iexcl;Ram&oacute;n! -chill&eacute;.</p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tranquil&iacute;cese, se&ntilde;ora -me dijo Avelino-, nunca le pas&oacute; nada a quien mont&oacute; este animal.&nbsp; Aunque le azuce las nalgas con&nbsp; palos o le salga al camino un rebeco o un oso, no cambiar&aacute; su suave trotecillo por ello. Y tambi&eacute;n ser&aacute; r&aacute;pido cuando tenga que serlo. Tener a&ntilde;os no est&aacute; re&ntilde;ido con la rapidez.&nbsp; Se lo aseguro, se&ntilde;ora, y la prueba la tiene en Ram&oacute;n, del que nadie sabe los a&ntilde;os que tiene.&nbsp; Le conozco desde hace un mont&oacute;n de ellos y siempre est&aacute; igual.</p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi cejitas, -Vino Ram&oacute;n a m&iacute; y me apret&oacute; contra s&iacute;-.&nbsp; No te pasar&aacute; nada, ya ver&aacute;s. Yo te ayudar&eacute; a montar.&nbsp; Es muy sencillo.&nbsp; Ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil que llevar las riendas del mulo cuando, de ni&ntilde;a, te deslizabas sobre el trillo para desgranar el trigo en la era.&nbsp; &iquest;Recuerdas?&nbsp; Tu me lo contaste.&nbsp; Dijiste que era uno de tus recuerdos m&aacute;s felices.&nbsp; De pie, dabas vueltas en la era con las riendas del caballo entre las manos y dando gritos de alegr&iacute;a.&nbsp; &iquest;O no era as&iacute;?</p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; S&iacute;.&nbsp; Pero aquello ocurri&oacute; hace muchos a&ntilde;os.&nbsp; Era una ni&ntilde;a delgada y &aacute;gil.&nbsp; M&iacute;rame ahora...&nbsp; &iexcl;Oh, D&iacute;os m&iacute;o!&nbsp; Jam&aacute;s mont&eacute; caballo, ni&nbsp; mulo, ni asno, ni nada que se le parezca. En qu&eacute; l&iacute;o me he metido por hacerte caso.&nbsp; Con lo bien que estaba en Valencia con mi puesto ambulante y mi motocarro.&nbsp; Si es que me tienes hipnotizada...&nbsp; Tiene que ser eso, me tienes hipnotizada.&nbsp; Si no fuera as&iacute;, &iquest;c&oacute;mo iba yo a embarcarme en semejante aventura?</p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estrella, s&eacute; que puedes hacerlo.&nbsp; Nunca te hubiera metido en algo as&iacute; si no supiera que eres una <em>Cejasblancas</em>. &iquest;Sabes lo que significa ser una <em>cejasblancas</em>? -Me apretaba con energ&iacute;a los brazos al tiempo que me hablaba con infinita ternura.</p><p align="justify">El criado esperaba con las riendas de la mula rubia a la que hab&iacute;a acoplado un cesto a cada lado con el equipaje y los alimentos para el viaje. Avelino, que sujetaba las riendas de Mego, mostraba su nerviosismo e impaciencia al ver que nuestra conversaci&oacute;n se alargaba sin fin.&nbsp; El mulo se fue acercando a m&iacute;, me husmeaba.&nbsp; &iexcl;Ay!&nbsp; Me lami&oacute; la mano.&nbsp; La retir&eacute; con rapidez y ech&eacute; un paso atr&aacute;s.</p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; S&oacute;lo quiere ser tu amigo, -me dijo Avelino-.&nbsp; Creo que le caes bien.&nbsp; Mientras habl&aacute;is lo atar&eacute; a la anilla junto a la ventana, tengo que seguir con la faena.&nbsp; Julio ata la mula y ve a limpiar las caballerizas. </p><p align="justify">Se fue con el animal y yo me qued&eacute; a mis anchas frente a Ram&oacute;n.&nbsp; Necesitaba vaciarme de toda la ansiedad que la situaci&oacute;n, tan nueva para una mujer de ciudad como yo, me hab&iacute;a creado. </p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Qu&eacute;?&nbsp; &iquest;Qu&eacute; significa ser una <em>cejasblancas</em> y vivir en un castillo? &iquest;Tal vez que, a mis casi sesenta a&ntilde;os, volver&eacute; a vivir en los bosques a la intemperie como se viv&iacute;a en la Edad Media?&nbsp; &iquest;Es eso? -repliqu&eacute; a Ram&oacute;n.-&nbsp; Porque entonces a lo mejor no quiero formar parte de ese grupo tan privilegiado.</p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;No.&nbsp; No se trata de volver a la Edad Media.&nbsp; Se trata de hacer que la vida de los viejos,<em> </em>acorralados por la miseria y la enfermedad, sea m&aacute;s agradable.&nbsp; A eso est&aacute; dedicado el Castillo de Abuelolandia y la Asociaci&oacute;n Cejasblancas.&nbsp; Y t&uacute; eres una de los nuestros.&nbsp; Lo s&eacute;. Tengo buen olfato para detectarlos y, m&iacute;rate al espejo, tus cejas espesas y blancas, te delatan.&nbsp; </p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Mis cejas? &iquest;Esa es la prueba?&nbsp; No me hagas re&iacute;r. </p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No te pongas tan mordaz, Estrella.&nbsp; Te&nbsp; he confesado mi amor un mont&oacute;n de veces y, desde luego, no fueron las cejas las que me enamoraron de ti, si es eso lo que quieres o&iacute;r. Sabes que son otras cosas. Como tu alegr&iacute;a, tu esp&iacute;ritu luchador, tu bondad, la viveza de esos ojos que bailan dentro de los p&aacute;rpados... </p><p align="justify">&nbsp;Era de d&iacute;a.&nbsp; La niebla se desvanec&iacute;a dejando ver las nubes en el cielo y la monta&ntilde;a frente a la fonda.&nbsp; Los p&aacute;jaros se acercaban, con gran alborozo de trinos, para comer las migas de pan que Avelino les echaba.&nbsp; Respir&eacute; hondo varias veces antes de contestar a Ram&oacute;n.&nbsp; Deb&iacute;a relajar mi tensi&oacute;n. </p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dices que puedo ayudar en el castillo pero, la verdad, no s&eacute; c&oacute;mo.&nbsp; &iquest;Qu&eacute; puedo hacer&nbsp; para ayudar?&nbsp; </p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo que hacemos los dem&aacute;s.&nbsp; Salir al camino, a los pueblos, las plazas, los mercados, y detectar viejos solos y necesitados, averiguar en qu&eacute; punto se torci&oacute; su vida, qu&eacute; lo motiv&oacute;.&nbsp; Conocer su sue&ntilde;o inalcanzado, su destreza enterrada en las catacumbas de su inconsciente, para: primero, sac&aacute;rselo a flote; y despu&eacute;s, crearle un espacio agradable donde poder disfrutar de aquello que, en su momento, no pudo ser. </p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero, eso es imposible para m&iacute;.&nbsp; No podr&eacute; hacerlo.&nbsp; Ni siquiera puedo imaginar c&oacute;mo lo puedes hacer t&uacute;.</p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No es f&aacute;cil.&nbsp; Todo tiene su t&eacute;cnica.&nbsp; Pero en cuanto est&eacute;s en el Castillo de Abuelolandia y Lendo te explique todo lo que se hace all&iacute; y te familiarices con ello, lo entender&aacute;s</p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No s&eacute;.&nbsp; No lo tengo tan claro.&nbsp; Pero, bueno,... ya habr&aacute; tiempo de verlo.&nbsp; De momento, tengo la sensaci&oacute;n de que me hablas de ciencia ficci&oacute;n.</p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Conf&iacute;a en m&iacute;. Estamos perdiendo un tiempo precioso.&nbsp; Lendo lleva demasiado tiempo a cargo del castillo y la asociaci&oacute;n.&nbsp; Estar&aacute; desbordado, por mucho que le ayude Olga...</p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Olga?&nbsp; &iquest;Qui&eacute;n es Olga?&nbsp; Nunca me hablaste de ella.</p><p align="justify">Te hablar&eacute; por el camino.&nbsp; Se hace tarde, hemos perdido un tiempo precioso. Te ayudar&eacute; a montar en el mulo. - Fue a por &eacute;l.- Ven, toma las riendas.&nbsp; As&iacute;..., que queden flojas.&nbsp; Ahora, pon el pie izquierdo en este estribo.&nbsp; Muy bien.&nbsp; Carga tu peso en &eacute;l..., levanta el cuerpo..., pasa la pierna derecha al otro lado..., apoya el culo sobre la silla y mete el pie derecho en el estribo.&nbsp; Muy bien.&nbsp; &iquest;Ves?&nbsp; Ya est&aacute;. &iquest;Te encuentras c&oacute;moda?</p><p align="justify">Con mucha paciencia e infinita dulzura, durante diez minutos Ram&oacute;n me explic&oacute; las cuatro reglas que hay que saber para manejar un animal as&iacute;.&nbsp; No me pareci&oacute; muy distinto a manejar la motocarro por la ciudad, con todo el tr&aacute;fico de veh&iacute;culos y peligros que encierra.&nbsp; Y, adem&aacute;s, desgranar trigo sobre el trillo tirado por la mula, tambi&eacute;n me sirvi&oacute; de experiencia. </p><p align="justify">Ram&oacute;n cogi&oacute; las riendas de la mula rubia y la at&oacute; a la silla de su caballo.&nbsp; Luego se mont&oacute;. </p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iexcl;Adelante! -dijo.</p><p align="justify">Golpe&eacute; con mis botas suavemente en la tripa de Mego, como me dijo Ram&oacute;n que hiciera, al tiempo que dije: "arre, arre".&nbsp; </p><p align="justify">El animal se puso en movimiento.&nbsp; Aquello funcionaba.&nbsp; Me coloqu&eacute; por delante de mi querido cejotas que mir&eacute; con los ojos m&aacute;s bizcos de amor que jam&aacute;s se hayan visto antes.&nbsp; Le admir&eacute; como un hombre muy especial.&nbsp; Era un tipo de hombre que, en mis 58 a&ntilde;os de existencia, nunca antes hab&iacute;a conocido.&nbsp; </p><p align="justify">Cogimos direcci&oacute;n a la monta&ntilde;a por un sendero con matojos a ambos lados. Cada paso que daba, sentada sobre aquel manso animal, me serenaba un poco, y pens&eacute; que Ram&oacute;n ten&iacute;a raz&oacute;n, que no era para tanto, ni tan complicado.&nbsp; </p>]]></description><pubDate>Sat, 24 Feb 2007 18:13:00 +0000</pubDate></item><item><title>Estrella inicia la aventura</title><link>https://abuelolandia.blogia.com/2007/021201-estrella-inicia-la-aventura.php</link><guid isPermaLink="true">https://abuelolandia.blogia.com/2007/021201-estrella-inicia-la-aventura.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p align="justify">Ram&oacute;n, &iquest;nunca has tenido curiosidad por saber c&oacute;mo habr&iacute;a sido tu vida si hubieras nacido mujer?</p><p align="justify">La idea me surgi&oacute; de pronto&nbsp;y se la solt&eacute;.</p><p align="justify">Hac&iacute;a un par de horas que hab&iacute;a amanecido y diez minutos que me hab&iacute;a despertado. El sol se desparramaba por la aridez de los campos de Albacete -&iquest;o tal vez Cuenca?, no estoy segura por donde circul&aacute;bamos en ese momento-.&nbsp; Ram&oacute;n y yo &iacute;bamos c&oacute;modamente sentados en el espacioso asiento trasero de un taxi en el que una pared de cristal nos separaba del conductor.&nbsp; El taxista, aislado, conduc&iacute;a el coche con tanta suavidad que deb&iacute; dormirme antes de salir de la ciudad de Valencia.&nbsp; Nada extra&ntilde;o, por otra parte, ya que, con los nervios y preparativos del viaje, apenas pude dormir las noches anteriores.&nbsp; </p><p align="justify">Despierta, pero un poco so&ntilde;olienta todav&iacute;a, con la cabeza apoyada en el respaldo del asiento, sin moverme, sin hablar, abr&iacute; los ojos y mir&eacute; por la ventana. Segu&iacute; con la vista la morfolog&iacute;a del paisaje como si quisiera grabarlo con mi c&aacute;mara de video.&nbsp; Al fondo, las colinas de color gris&aacute;ceo, sombreadas en claro-oscuros y, a ras de carretera, nac&iacute;an las tierras rojas preparadas para la siembra que se prolongaban hasta las elevaciones. Contemplaba, adormilada, el paraje, escudri&ntilde;&aacute;ndolo, como un perro sabueso en busca conejos que cazar.&nbsp; </p><p align="justify">Vestida con pantal&oacute;n de cordura,&nbsp; forro polar y botas de monta&ntilde;era, era evidente que dejaba atr&aacute;s la ciudad y mi inter&eacute;s por lo que en ella ocurr&iacute;a, e iniciaba una nueva etapa de senderos embarrados, altozanos, tierras sembradas, corzos que te asaltan en el camino y... vaya usted a saber cuantas sorpresas m&aacute;s encontrar&iacute;a en mi itinerario al Castillo de Abuelolandia.</p><p align="justify">Y, as&iacute;, con esa vestimenta, transformada en medio hombre, quise imaginarme a Ram&oacute;n de mujer y, como no lo consegu&iacute;, surgi&oacute; la curiosidad y la pregunta.&nbsp; Ram&oacute;n dorm&iacute;a.&nbsp; Al hablarle, le despert&eacute;.</p><p align="justify">- &iquest;Qu&eacute;? &iquest;Qu&eacute; dices?</p><p align="justify">- Que si en vez de hombre, hubieras nacido mujer, &iquest;c&oacute;mo crees que habr&iacute;a sido tu vida? -me ech&oacute; una mirada sesgada de abajo a arriba, antes de contestar.</p><p align="justify">- Vaya preguntita, &iquest;no? &iexcl;Ufff! No s&eacute;. Supongo que mi vida no habr&iacute;a sido muy distinta de lo que fue la tuya. </p><p align="justify">- Pues, tambi&eacute;n, vaya contestacioncita la tuya. No te has molestado en pensar nada. Eso no vale. Venga, di.</p><p align="justify">- Y, &iquest;t&uacute;? Dime, t&uacute;. &iquest;C&oacute;mo te imaginas que habr&iacute;a sido tu vida si hubieras nacido hombre?</p><p align="justify">- &iquest;Yo? D&eacute;jame pensar. -Hice una pausa-. Yo habr&iacute;a sido un aventurero.</p><p align="justify">- &iquest;S&iacute;?, mi cejitas -me bes&oacute; mis cejas blancas.- &iquest;Un aventurero?</p><p align="justify">- S&iacute;, cejotas, s&iacute;. Un aventurero. Para viajar por pa&iacute;ses ex&oacute;ticos y conocer esas chicas de los cuadros de Gaugin. Durante a&ntilde;os las contempl&eacute; en el Bar Larande y me parec&iacute;an algo m&aacute;gico. Conocer esas chicas, dormir la siesta en parihuelas, bajo la sombra de dos cocoteros y..., qui&eacute;n sabe si tambi&eacute;n me habr&iacute;a dedicado a pintarlas como hizo ese pintor.</p><p align="justify">- Pero eso tambi&eacute;n podr&iacute;as haberlo hecho siendo mujer...</p><p align="justify">- &iquest;S&iacute;ii...? &iquest;No te acuerdas c&oacute;mo eran las cosas en Espa&ntilde;a hace unas d&eacute;cadas? Las mujeres s&oacute;lo sal&iacute;amos de casa de nuestros padres para entrar en la casa de nuestros maridos. -Me qued&eacute; un momento pensativa.- En realidad, -continu&eacute;-, ni se me habr&iacute;a ocurrido hacerlo. Aprend&iacute;a de mi madre a limpiar la casa, cocinar, cuidar de los mayores, limpiar la pocilga de los cerdos..., ya sabes. Aprend&iacute;a a ser una mujer de provecho.</p><p align="justify">- &iquest;No puedo creer que s&oacute;lo para conocer un pa&iacute;s ex&oacute;tico te habr&iacute;a gustado ser hombre? &iquest;Qui&eacute;n te impide ir all&iacute;? A Tahit&iacute;, a las Islas Polinesias... Desde hace a&ntilde;os, las mujeres en Espa&ntilde;a sois aut&oacute;nomas. Seguro que all&iacute; habr&iacute;as encontrado un mont&oacute;n de hombres dispuestos a espantarte las moscas mientras descansabas en tus parihuelas.</p><p align="justify">- La vida aventurera se lleva de joven o no se lleva. Despu&eacute;s, nos volvemos temerosos, acomodaticios, sin dinero no viajamos. Y yo nunca he tenido de sobra. Y, adem&aacute;s, a m&iacute; no me gustan esos hombres tan negrotes..., parecen muy brutos, salvajes. Nada que ver con sus mujeres, tan lindas, tan delicadas. Van semidesnudas y no les averg&uuml;enza hacerlo, su cuerpo lleno de flores y de color , adornadas con coronas, collares, pulseras... Ves sus caras, serenas, inocentes, sus ojos negros brillantes, sus ademanes suaves, y s&oacute;lo con tenerlas cerca te hacen sentir esa placidez que parecen poseer. Te trasmiten su felicidad.</p><p align="justify">- A ver si va a resultar que vas a ser lesbi...</p><p align="justify">- Ni se te ocurra decirlo, cejotas, &iquest;eh?... Y ya me has llevado a donde no quer&iacute;a. Ahora dime t&uacute;. Te toca a ti. &iquest;C&oacute;mo te ves de mujer? Venga, di.</p><p align="justify">- &iquest;Yo? Pues mira. Habr&iacute;a ido a las Islas Polinesias, tomar&iacute;a el sol desnuda para ponerme tan morena como las mujeres de all&iacute;. Me dejar&iacute;a crecer la melena que te&ntilde;ir&iacute;a de negro azabache, me adornar&iacute;a con flores el pelo, el pecho, los tobillos..., y, bajo la sombra de un cocotero, me habr&iacute;a dedicado a esperar a un hombre, un tal Estrello, que iba a llegar de Espa&ntilde;a para encandilarle con mis encantos... &iquest;Qu&eacute; te parece?</p><p align="justify">- Que eres un embustero, -le dije antes de estamparle un beso en cada una de sus cejas y pellizcarle la punta de la nariz.</p><p align="justify">- Menudas fantas&iacute;as tienes en la cabeza, Estrella..., que luces con luz propia.</p><p align="justify">- &iexcl;Es lo mismo que me dijo mi hijo en la carta! &iquest;Te acuerdas? "Estrella que luces con luz propia".</p><p align="justify">- Porque tu hijo Vicente tiene alg&uacute;n poder mental heredado de ti. Intuye que eres una mujer especial, que comienzas una nueva etapa en tu vida. La vida no acaba con la vejez. Eso es mentira. Existe un lugar donde es posible volver a empezar, hacer aquello que, por las circunstancias de la vida, tuviste que renunciar. &iquest;No tienes curiosidad por saber qu&eacute; te espera en el Castillo de Abuelolandia?</p><p align="justify">- Tengo que hacer una parada, -cort&oacute; la conversaci&oacute;n el taxista. </p><p align="justify">Despu&eacute;s de media hora de descanso en el &aacute;rea de servicio, que aprovechamos para orinar y tomar un caf&eacute;, volvimos a emprender el viaje.&nbsp; Cruzamos Cuenca y en Guadalajara paramos a comer.&nbsp; Por la tarde, seguimos haciendo kil&oacute;metros en direcci&oacute;n norte, nos adentramos en la provincia de Burgos, tan larga, tan sin fin... y ya no tuve conciencia de haber salido de ella.</p><p align="justify">De noche, par&oacute; el taxi en un peque&ntilde;o pueblo llamado Opio, frente al &uacute;nico edificio en el que hab&iacute;a luz.&nbsp; All&iacute; bajamos del taxi, cogimos nuestro equipaje y buscamos la puerta para entrar.&nbsp;</p><p align="justify">"Caballerizas y Fonda Avelino", dec&iacute;a el letrero iluminado.</p><p align="justify">-&nbsp;&nbsp; Desde aqu&iacute; continuaremos el viaje a caballo, -me explic&oacute; Ram&oacute;n.</p><p align="justify"></p><p align="justify">&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Mon, 12 Feb 2007 14:50:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
